Díscolo 2.0

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 13, 2009

 

Después de sorprender con su entonces improbable candidatura presidencial, Marco Enríquez-Ominami reinventó el concepto de díscolo. Como diputado, ser díscolo implicó hablar de frente, sin demasiados filtros, con la honestidad de aquel llanero solitario que trata de cambiar el sistema desde dentro. Como candidato, la reinvención del diputado implicó moderar el discurso, pero mantener la condición de llanero solitario. Primero, ME-O fue un díscolo dentro de la Concertación. Luego, como candidato independiente, evolucionó hacia una posición más rupturista con el sistema de partidos poco competitivo y cerrado, pero con un discurso menos rupturista en los valores y postulados.

 

La irrupción de ME-O en la política nacional, como diputado socialista, después de su primera mayoría en el distrito 10 en 2005 le ganó el apodo de díscolo. Por la autonomía que mostró respecto a las prioridades legislativas del gobierno, ME-O inauguró una práctica que eventualmente se convirtió en norma en el Congreso.  Después de su viaje a Bolivia para hablar de soluciones a la mediterraneidad y de sus iniciativas por poner a debatir temas valóricos, como el aborto o los derechos indígenas, y aprovechando sus evidentes habilidades como comunicador, ME-O se convirtió en líder natural de los parlamentarios más críticos. Pero desde dentro del sistema. A diferencia de diputados y senadores que renunciaron a sus partidos para crear nuevos referentes o para votar con otras coaliciones, la condición de ME-O tenía más que ver con el discurso que con la militancia socialista.

 

Cuando se declaró candidato, y en parte porque el PS y la Concertación cambiaron las reglas de las primarias, ME-O renunció al socialismo. Cuando empezó a subir en las encuestas, comenzó a moderar su discurso. Pero lo que ganó en mesura discursiva lo perdió en disciplina partidista. Su candidatura se alejó irremediablemente de la Concertación. Su discurso pasó de ser anticonservador a ser anticoncertacionista. Su rechazo a los negociados y las malas prácticas se convirtieron, a ojos de muchos, en un rechazo al sistema de partidos. Cuando sumó una lista parlamentaria y comenzó a promover la creación de una coalición alternativa, la falta de tiempo, políticos, técnicos y tropas evidenció que él seguía siendo un crítico, pero más en militancia que en propuestas.

 

ME-O ha dado un remezón al sistema político chileno y en particular a la Concertación. La ausencia de primarias competitivas, la falta de democracia interna, la insuficiente transparencia y la poca sintonía con la gente alimentaron su éxito relativo. La presencia de temas nuevos en la campaña -que hubieran sido ignorados de no estar ME-O- dejan en claro que muchos chilenos querían a alguien crítico en campaña. Pero el hecho que la gran mayoría vote por candidatos de partidos y coaliciones tradicionales también demuestra que la opinión pública quería un díscolo más en las propuestas que en la militancia.