El problema con Dawson Isla 10 en Estados Unidos

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 6, 2009

 

Porque su estreno en Nueva York se realizó en el espacio Puro Chile, la tienda de productos chilenos en el exclusivo barrio de Soho, la falta de una mirada globalizada de Dawson, Isla 10 se hizo evidente.

 

Si bien el filme tiene una excelente fotografía y se basa en un libro magistral escrito por Sergio Bitar sobre las experiencias de líderes del gobierno de Salvador Allende durante los meses que vivieron como prisioneros políticos en Magallanes, la película en sí misma requiere que el espectador conozca la historia de Chile, entienda las implicancias de la experiencia de la Unidad Popular y sepa de las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura.

 

Para los otros, Dawson, Isla 10 es difícilmente comprensible y las experiencias, sufrimientos y dignidad de los protagonistas devienen en momentos forzados, diálogos inverosímiles y sucesos panfletarios que no le hacen justicia ni a la dolorosa historia de nuestro país ni al conmovedor relato de Sergio Bitar.

 

En ese espacio que se ha convertido en el centro de la presencia chilena en Nueva York, con estantes que mostraban la diversidad de cepas, empresas, valles y precios de nuestra producción vitivinícola como background, los 50 asistentes al glamoroso evento miraron atentos la controvertida película la fría noche del 3 de diciembre.

 

Había viejos amigos de Chile y de la causa de los derechos humanos, como el ex político venezolano Diego Arria, que como gobernador de Caracas ayudó a muchos exiliados a encontrar refugio después del golpe, incluido al propio Bitar.

 

Rodrigo Bitar, hijo del autor del libro, estaba sentado en última fila, junto a su esposa. Como muchos otros que conocen bien la historia, se emocionó con esos momentos iluminadores de lo que fue ese solitario confinamiento en Dawson para estos políticos cuyo sueño de un país más justo se vio frustrado por la polarización política y por el golpe.

 

Varios profesores de universidades, chilenos que cursan estudios de posgrados, algunos artistas plásticos y modelos estaban también entre el público. Pero las constantes miradas de algunos asistentes a sus teléfonos celulares me llevaron a concluir que, para aquellos que no conocen la historia, Dawson, Isla 10 es una película con la que cuesta conectarse para los que no conocen el contexto. 

 

El director, Miguel Littin, estaba sentado al final, contra la pared. Veterano de muchos filmes, el más reciente fue un intento difícil. Isla 10 es un libro conmovedor, pero no se presta fácilmente para la pantalla. No hay personajes femeninos, no hay historias de amor, no hay vida previa al golpe. Ya que lo escribió un preso político cuyos derechos fueron abusados y cuyos sueños fueron aniquilados, el libro es comprensiblemente sesgado. En cambio, una película requiere mostrar contexto para poder justificar su sesgo.

 

Los eventos en el libro adquieren fuerza narrativa porque los lectores conocen la historia. En el filme, esos eventos se convierten en momentos forzados e insuficientemente reveladores. Por la torpeza de los militares a cargo del campo de prisioneros, algunas escenas parecen parodias del reality Pelotón, de TVN.

 

Es difícil hacer una película sobre un campo de concentración sin asesinatos masivos y donde no hay información sobre las vidas que llevaban los prisioneros antes de llegar. Sin el contexto apropiado, no se entiende la obsesión de detenidos por usar corbata en medio del frío patagónico si no se conocen bien la historia de esos ministros, intelectuales y luchadores sociales que fueron enviados a Dawson.

 

Después del filme, Littin contestó algunas preguntas. Pareció especialmente cuidadoso con sus palabras, sabiendo que, aunque nadie quisiera admitirlo, su largometraje estaba siendo comparado con La Nana, el filme de Sebastián Silva que acaparó elogiosas críticas y fue un éxito en el circuito de películas extranjeras en Nueva York.

 

Resulta injusto comparar ambos esfuerzos. Lo de Littin es un homenaje a la dignidad de los perdedores. Lo de Silva, aunque profundamente chileno, resulta también más universal. Tal vez por eso, más que por los juicios subjetivos que haya sobre ambas películas, ha sido tan cuestionada la decisión de nominar Dawson, Isla 10 al Oscar como mejor filme extranjero.

 

Esa decisión refleja más una mirada al pasado de Chile que a su futuro. En la noche del estreno de Dawson, Isla 10 en Soho, Puro Chile dejó de ser un diario combativo que refleja y reproduce las divisiones de un país que, hace 36 años, era una nación de enemigos y se convierte en una marca que promueve la imagen país de una nación que avanza hacia el desarrollo y la consolidación democrática.