Desembarco virtual

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 8, 2009

 

De todas las aristas que emergen del incidente de la fotografía que mostró a Andrés Velasco trabajando en un texto del comando de campaña de Eduardo Frei cuando se discutía la Ley de Presupuesto en el Senado, hay dos que muestran que la política tiende a ser repetitiva y que los políticos tienden a tropezar con las mismas piedras. Tanto Velasco como la Alianza salieron perjudicados con este incidente, porque cometieron los típicos errores que resultan de las reacciones irreflexivas y de los esfuerzos por ocultar la verdad. Debieron, en cambio, aprovechar la ocasión de transformar problemas en oportunidades.

 

Si Velasco hubiera dicho toda la verdad sobre lo que hacía y si el comando de campaña de Piñera hubiera enfocado sus críticas en Frei y no en el ministro más popular de una inmensamente respaldada Presidenta, la fotografía publicada por La Tercera hubiera tenido menos costos para el ahora salpicado titular de Hacienda y para una Alianza que infructuosamente busca distanciar a Frei de la Mandataria saliente.

 

La torpeza de Velasco no fue sólo corregir un documento de campaña del comando de Frei en un lugar público en horas de trabajo. Si bien eso constituye una falta  -aunque una acusación constitucional aparece como excesiva- su principal error fue mentir por omisión sobre lo que hacía. El ministro no estaba revisando una página web. Revisar un documento de campaña en el Senado refleja desprolijidad y desorden -"una torpeza" como dijo Velasco. Decir verdades a medias, en cambio, pudiera llevar a cuestionamientos sobre el carácter de la persona. En política, el problema a menudo no es el delito, sino el encubrimiento.

 

Afortunadamente para el ministro, la reacción de los partidos de la Alianza -y también del comando de Marco Enríquez-Ominami- evidenció tanta torpeza como la de Velasco. Al cuestionar la continuidad del ministro en plena discusión de la ley de presupuesto, algunos parlamentarios de la Alianza demostraron estar más interesados en la elección presidencial que en el país.  Adicionalmente, al insistir en asociar al titular de Hacienda con la campaña de Frei, lograron lo que el comando oficialista había infructuosamente intentado, que el popular ministro entrara a formar parte de la campaña sin renunciar al gabinete.

 

Asimismo, cuando especularon con una posible acusación constitucional por notable abandono de deberes, los parlamentarios arriesgaron "bacheletizar" la elección presidencial. En vez de insistir en que la Presidenta saliente no estará en la boleta electoral, las acusaciones a Velasco reforzaron la noción de que Frei es la inequívoca continuidad de Bachelet. Si bien Piñera fue más moderado en sus críticas y hábil en su reacción, los cuidados de sus sacristanes le hicieron un daño  innecesario y minimizaron lo que debió haber sido un vergonzoso nuevo tropiezo para Frei.

 

La participación del gobierno en la campaña no contribuye al fortalecimiento democrático ni a la solidificación institucional. Si bien todos los gobiernos trabajan para ayudar a sus candidatos presidenciales y perpetuarse en el poder, la excesiva injerencia del gobierno tendrá consecuencias negativas. Las próximas administraciones no trepidarán en inmiscuirse en futuras campañas alegando precedentes. Pero la existencia de un gobierno en campaña no es solo potencialmente nociva para la salud de la democracia, también pudiera ser desfavorable  para la fortuna electoral del candidato oficialista. Si la oposición privilegia el mensaje de "Frei no se la puede como presidente", el desembarco del gabinete de Bachelet en el comando oficialista será combustible que alimente ese mensaje.

 

 

La doble torpeza de Velasco y la igualmente torpe reacción de los otros comandos presidenciales recalcan el creciente nerviosismo en una campaña donde reina la incertidumbre y donde los errores no forzados bien pudieran alterar los resultados finales.  Igual que esta polémica, la forma pudiera terminar siendo más importante que el fondo en el esfuerzo por convencer a los indecisos y reafirmar a los simpatizantes menos convencidos.