Voto en el exterior: No a los impuestos sin representación

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 3, 2009

 

La decisión de la Concertación de pedir el voto de chilenos residentes en Argentina ha reavivado la discusión sobre el voto de los chilenos en el exterior. Pero este debate tiene más implicaciones teóricas que prácticas. No hay evidencia que los chilenos en el exterior tengan preferencias distintas a los chilenos residentes en el país.

 

En Chile hay 12 millones de personas en edad de votar. Solo un poco más de 8 millones están inscritos. Aunque la inscripción de chilenos en Chile debiera ser una prioridad mayor, el énfasis en los chilenos en el exterior responde tanto a promesas hechas a comunidades de exiliados que nunca volvieron como al hecho que cada día hay más países que intentan incorporar a sus poblaciones en la diáspora ofreciéndoles el derecho a voto.

 

Desde una perspectiva operacional, el voto en el exterior no debiera ser un problema complejo. El censo especial de 2004 reportó 857 mil chilenos residiendo fuera del país. De ellos, sólo un 43% nació en Chile. De los chilenos en el exterior, un 50% reside en Argentina. Muchos de esos 857 mil chilenos no tienen edad de votar. Otros pudieran no estar interesados en hacerlo. En la última elección presidencial de México, de más de 8 millones de votantes potenciales residentes en Estados Unidos, menos de 40 mil se molestaron en hacerlo (1 de cada 200).  

 

Conceptualmente, hay buenas razones para creer que aquellos que no serán directamente afectados por las decisiones de gobierno no debieran tener derecho a voto. Por lo mismo, sí tiene sentido que los extranjeros residentes tengan derecho a escoger a las autoridades. Pero los chilenos en el exterior con cuentas de AFP o aquellos que pagan impuestos en Chile debieran gozar del derecho al voto. Como ocurre en otros países, aquellos sin conexiones con Chile probablemente no van a ejercer un derecho no obligatorio.

 

La principal oposición a permitir votar a chilenos residentes en otros países que sí tienen intereses en Chile responde a infundados temores sobre el voto izquierdista del exilio (sólo uno de cada diez personas se fue por razones políticas) y a sospechas sobre el uso del aparato de Estado para inducir esa votación. Pero el uso del aparato de Estado debiera preocupar más dentro que fura de Chile.

 

Los chilenos que residen fuera y que mantienen vínculos con el país debieran convertirse en nuestros mejores aliados para impulsar el desarrollo. Para eso, el país tiene que dar un primer paso y ofrecerles inclusión. Irónicamente, la decisión de la Concertación de pedir el voto a los chilenos residentes pondrá nuevos obstáculos en el camino de lo que debería ser una reforma de sentido común.