Más luces que sombras

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 24, 2009

 

No existen los debates perfectos. Por presiones de los comandos, por la ansiedad de la opinión pública, por las agendas de los canales de televisión, por las restricciones de tiempo y por la multiplicidad de temas a discutir, los debates difícilmente pueden satisfacer a todos. Pero el debate presidencial de anoche tuvo muchas más luces que sombras. Los candidatos lograron poner temas importantes sobre la mesa, aclararon posturas y delinearon prioridades. Pese a las restrictivas reglas del juego, los candidatos se animaron a hablarse directamente y marcaron diferencias. 

 

Algunos equivocadamente comparan un debate de dos candidatos presidenciales en Estados Unidos con el debate entre cuatro candidatos de Chile. Pero el intercambio de ideas, las réplicas y contra réplicas se hacen muy difíciles cuando hay más de dos candidatos. Adicionalmente, en Estados Unidos los periodistas acostumbran a ser mucho más rápidos en articular sus preguntas y devolver el micrófono a los candidatos. Es verdad que en Estados Unidos los debates a menudo incluyen preguntas directas de la gente—sin la moderación de los periodistas. Pero eso tiene más que ver con los canales de comunicación que con los requerimientos de los candidatos.

 

Ciertamente sería bueno tener reglas más claras que promovieran un mayor protagonismo de los votantes tanto en las preguntas como en el público. Los electores de a pie son más importantes que las familias de los candidatos. Pero si comparamos con debates presidenciales de años anteriores, el de anoche representó una mejora gradual. Aunque pudiera parecer condescendiente, los debates en la medida de lo posible que han caracterizado a las elecciones presidenciales chilenas muestran también una democracia cada vez más consolidada.