La Nana, un film político

Patricio Navia

La Tercera, agosto 30, 2009

 

Además de ser en una de las películas chilenas más vista y premiadas de los últimos años, La Nana refleja diestramente el momento político y social por el que atraviesa Chile. La cinta muestra la evolución de esa institución de la clase alta y media alta, heredada de los años cuando casi la mitad de los chilenos vivía en pobreza y exclusión. El film termina en la realidad actual, donde la disponibilidad de nanas va en disminución y se redibujan las relaciones de poder entre las asesoras domésticas y sus empleadores. La obra maestra del director Sebastián Silva explica, de forma más didáctica que un estudio sociológico, los desafíos que enfrentan los candidatos presidenciales que compiten por captar el voto de esa creciente clase media ascendiente.

 

Precisamente porque el director no envió un mensaje político directo, La Nana es un film que supera con creces a muchas películas políticas. Cuando un cineasta quiere hacer una película política, corre el riesgo de producir una panfletaria. Porque además a menudo caen en secuelas de en imágenes forzadas que proyectan los dogmas de sus directores, la audiencia comprensiblemente rechaza dichos films simplistas y predecibles. La Nana escapa de esa trampa.

 

El film es profundamente político porque trata de relaciones de poder entre la nana, sus potenciales rivales, la dueña de casa y los otros miembros de la familia. La política es una ciencia que aspira a entender las relaciones de poder entre el Estado y las personas. Metafóricamente, la familia con quien trabaja La Nana es el país. La casa, el territorio nacional. Con aires burdamente nacionalistas, la Nana rechaza a los que considera inmigrantes ilegales. Aunque no vive satisfecha, la Nana defiende sus espacios porque sabe que ejerce poder. Además sabe que posee, de una singular forma, autoridad. Las relaciones de poder, que provocan risas, espantos e incomodidad en la audiencia, constituyen una inmejorable metáfora de los cambios en las relaciones de poder que han ocurrido en Chile producto del sostenido desarrollo y crecimiento de los últimos 25 años.

 

La Nana refleja magistralmente los cambios en la sociedad chilena. Ya que hace 20 años el 40% de los chilenos era pobre y menos del 50% terminaba la secundaria, había disponibilidad ilimitada de potenciales nanas. Hoy, cuando la pobreza llega al 13%, cuando la mitad de los chilenos es clase media, y cuando la universidad es una aspiración alcanzable para 4 de cada diez jóvenes, las nanas son una especie en extinción. No es que en el futuro vaya a ser imposible encontrar ayuda domestica, pero las condiciones de empleo, los sueldos, las alternativas de vida y la propia autovaloración de las nanas cambió. El crecimiento de la clase media ha aumentado la demanda por ayuda doméstica. A la vez, la disminución de la pobreza ha reducido la oferta. El resultado queda soberbiamente plasmado en las escenas de La Nana. Esa clase media, con poder de consumo y aspiraciones de una mejor vida, pero también miedos de volver a los años de carencias, precisa de un discurso político distinto. Es menos ideologizada y más pragmática. Espera resultados más que promesas, propuestas más que ofertones, y sueños realizables más que inviables aventuras.  Votan saludablemente equilibrados entre sus bolsillos y sus corazones.

 

A diferencia de otros memorables films políticos, La Nana tiene una historia de redención. Machuca comparte con La Nana la habilidad para aterrizar los conflictos políticos y sociales a historias personales. Pero el film de Andrés Wood es un lamento sobre el triste y frustrado desenlace de de una idealizada aventura, La Nana termina con un final que deja a todos contentos y que soluciona exitosamente la tensión que brillante y crudamente se construye durante la primera mitad de la trama. En eso, La Nana también marca una diferencia con las clásicas películas políticas del cine chileno. Esta vez la esperanza no es un ideal ni un sueño lejano, es una realidad cotidiana. Pese a su rostro enjuto al comenzar el film, La Nana demuestra que la alegría ya llegó.