Augusto Pinochet, el padre

Patricio Navia

La Tercera, junio 2009

 

En La familia, historia privada de los Pinochet, Claudia Farfán y Fernando Vega desafían la sabiduría convencional. Si bien se ha dicho mucho, no se ha dicho todo sobre Pinochet. Conocemos mucho más del su legado político, de las violaciones a los derechos humanos y de los problemas judiciales de su ocaso. Pero conocemos poco sobre el Pinochet privado. El personaje, cuya foto más famosa lo muestra con lentes oscuros que esconden y ocultan su mirada, es más conocido por las brillantes luces y negras oscuridades de su legado (cito a Gonzalo Vial) que por su personalidad, ideas o lo que realmente pensaba en los distintos momentos de su gobierno y de su ocaso.

 

Al abordarlo desde la historia de su familia, Farfán y Vega se adentran en el Pinochet personal. Sin la subjetividad de sus detractores o la condescendencia de sus simpatizantes, los autores se ciñen a una encomiable, aunque a veces fría, objetividad periodística.  Al develar aspectos desconocidos de las relaciones con su esposa Lucía Hiriart y al adentrarse en la forma en que se relacionaba con sus hijos—con favoritismos, decepciones, preocupaciones y culpas propias de todo padre—los autores inevitablemente humanizan al dictador. Aquel que gobernó por más tiempo en la historia de Chile no estaba al mando de su familia. El militar de palabras amenazantes es un esposo complejamente marcado por la tensión entre las expectativas de ser jefe de hogar y la cotidiana realidad de compartir la autoridad  con su firme y temperamental esposa. El que amenazó la transición si se tocaba a alguno de sus hombres, parecía incapaz de ejercer sobre sus hijos la misma autoridad que desplegó sobre la nación y producir el mismo temor que generaba en sus adversarios y la reverencia que producía  en sus simpatizantes.

 

Si bien ha generado polémica porque aborda seriamente los rumores sobre la amante de Pinochet (cierto) y un supuesto hijo (falso) durante su paso como agregado militar en Ecuador, la riqueza del libro está en que se aproxima al personaje desde una perspectiva diametralmente distinta a los apologéticos textos de sus defensores y los condenatorios libros de sus detractores. Al abordar a Pinochet desde la historia de su familia, los autores permiten la analogía de entender a Pinochet en otra faceta. Porque ha sido el presidente más influyente en nuestra historia reciente, porque Chile hoy se parece más a lo que Pinochet quiso—salvo la democracia –que a lo que quisieron sus opositores, el fallecido dictador es mucho más forjador de nuestro sistema institucional que cualquiera de sus sucesores. Aunque su nombre haya sido removido de la constitución, su legado sigue marcando al país.

 

Pero los hijos crecen, se independizan y toman caminos distintos a los que quieren los padres.  Chile sigue un camino diferente al que Pinochet soñó. Por eso, el país se siente muy poco orgulloso de que Pinochet sea el político más influyente en la historia moderna y, aunque cueste decirlo, el padre del Chile actual.