¿Cuando se hundió la Concertación?

Patricio Navia

La Tercera, Junio 13, 2009

 

Las debilidades de Frei como candidato son menores que las de la Concertación como bloque. Si hace 20 años representaba un capital, hoy la Concertación ha pasado a ser un pasivo electoral. Su desmoronamiento ha sido producto de que se olvidó de la gente a la que debe representar.

 

La Concertación no tiene un problema de marca, sino de administración. La predisposición de los chilenos es favorable a las posturas políticas, sociales, culturales y económicas de la coalición oficial. Más chilenos se ubican en el centro y la izquierda de las preferencias que en la derecha. La mayoría de los personajes políticos mejor evaluados -incluida Bachelet- son concertacionistas. La marca Concertación tiene más valor que la marca Alianza.

 

Pero la administración está haciendo un mal trabajo. Los jerarcas concertacionistas siempre se han preocupado más de sus partidos que del bien de la coalición. Sus líderes han estado dispuestos a sacrificar el capital de largo plazo de la marca para obtener beneficios poco duraderos para sus facciones. Incluso Lagos y Bachelet han estado más preocupados de su propio beneficio que del bien de su coalición. Después de especular por tres años con la reelección, Lagos envió una carta condicionando su candidatura a una aclamación. Lagos se negó a competir en primarias donde la gente tuviera la última palabra.

 

Bachelet llegó al poder porque la opinión pública impuso su nombre.  Una vez en el poder, ella abandonó sus promesas de gobierno ciudadano, optando por ser Jefa de Estado mientras entregaba a los partidos la jefatura del gobierno.  Ya que nunca intentó convertirse en líder de la Concertación, por más que quiera, ahora Bachelet puede hacer poco para evitar el descalabro oficialista. 

 

La crisis de legitimidad se evidenció en la inverosímil primaria del 5 de abril. Los partidos optaron por una primaria falsa para solucionar un problema interno, la proclamación de Frei como candidato. Para ello, cerraron las puertas a la competencia (otorgándole una narrativa épica a Enríquez-Ominami) y se burlaron de los simpatizantes concertacionistas que querían decidir el candidato.   

 

Si quiere llegar a La Moneda, Eduardo Frei debe entender que más que satisfacer a los partidos, debe poner orden en la campaña y volver a poner la voluntad de la gente como la línea de flotación de su coalición.