Discurso  21 de mayo:  ¿A repetirse el plato?

Patricio Navia

La Tercera, mayo 21, 2009

 

Aunque no logre superar el entusiasmo y el simbolismo histórico de su primera rendición de cuentas al país, el 2006, el último 21 de mayo de Bachelet será el más dulce para la primera mujer en llegar a La Moneda.

 

Pese a que ha sido un período discreto en términos de producción de leyes, con más errores (Transantiago, fallidas reformas educacional y política, democracia participativa) que aciertos (red de protección social), Bachelet se encamina a la recta final con la frente en alto.

 

La Concertación está en peor estado que cuando ella llegó y podría cargar con su primera derrota electoral. Las relaciones con los países vecinos han empeorado bajo su gobierno y la tasa de crecimiento de la economía es la más baja desde el retorno de la democracia. Medido respecto de los ejes que ella misma enarboló en su discurso de 2006 (pensiones, educación, innovación y emprendimiento, y calidad de vida en las ciudades), su legado sólo logró nítidamente uno de los objetivos: la reforma de pensiones.

 

Pero Bachelet es querida por la gente y su desempeño actual es aprobado por el 70% de la ciudadanía. Y esa popularidad se debe, en buena medida, a lo providencial que resultaron las posturas que asumió la Presidenta -aunque no tan convencida- en los primeros años de su administración. Cuando el cobre alcanzaba precios astronómicos,

 

Bachelet no accedió a las demandas por gastar más que provenían de la Concertación y optó por la disciplina fiscal de su ministro de Hacienda. 

 

Pese a esas presiones de los partidos oficialistas, Bachelet mantuvo a Velasco en Hacienda. Y aunque públicamente también apoyó a Osvaldo Andrade en Trabajo -desde donde regularmente se torpedeaban las iniciativas de Hacienda-, en todas las pugnas relevantes se impuso siempre la visión de Velasco.

 

La propia Bachelet reconoció no estar convencida de la estrategia de disciplina fiscal cuando confidenció  que regularmente le preguntaba a Velasco por qué no se podía gastar más. Pero los cambiantes vientos del mundo dieron la razón a Hacienda y ahora la Mandataria tiene una billetera llena para repartir en un país que pasa por su peor crisis económica desde 1982.

 

En campaña, Bachelet se autoimpuso la meta de que en su gobierno nadie se repitiera el plato. Ahora, el círculo más íntimo de la Presidenta comienza a emitir señales de que el síndrome de platos repetidos podría reaparecer y especula sobre un posible retorno a Palacio en 2014.

 

Porque el ejercicio del poder acostumbra a todos los políticos, tengan faldas o pantalones,  puede que la popular Presidenta, sus cercanos y sus re-convencidos aliados piensen que tal vez este no tiene por qué ser el último discurso de Bachelet un 21 de mayo.