Cuestiones de familia y las trampas de la política

Patricio Navia

La Tercera, abril 19, 2009

 

Una de las trampas más peligrosas y comunes de la política - un juego donde siempre es necesario estar dispuesto a sacrificar alfiles y peones- es asignar importantes cuotas de poder a parientes.

 

Cuando un candidato reúne a familiares en su círculo íntimo, corre el riesgo de dar una señal de gran desconfianza en sus partidos y, peor, de que no controla su coalición y que su capacidad de construir equipos meritocráticos es limitada.

 

La política chilena, como la de otros rincones del mundo, se desarrolló en torno a grandes dinastías familiares, una tendencia que ha disminuido a lo largo de las últimas décadas. Un estudio publicado por La Tercera en mayo del 2008 consignó que a principios del siglo XX uno de cada tres parlamentarios estaba vinculado a esos clanes, cifra que había caído a uno en 10 el año pasado (en su mayoría ahora pertenecen a la Concertación).

 

El tema ha vuelto a ocupar la agenda del oficialismo con las quejas, siempre en privado y en voz baja, de personeros que ven una excesiva influencia de la esposa y las hijas de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En ese terreno, sin embargo, la carrera del ex presidente y actual candidato presenta una paradoja.

 

Si bien el parentesco con su padre fue decisivo para su ingreso a la política, durante su gobierno desarrolló una singular capacidad para ejercer el poder con frialdad y distancia. Incluso sus amigos cercanos - que habían llegado a La Moneda con el aura de todopoderosos- fueron removidos cuando se convirtieron en pasivos políticos. Eso lo saben bien Genaro Arriagada y Edmundo Pérez Yoma, por ejemplo. Pablo Halpern, quien volvió a ser su principal asesor comunicacional y puede ser considerado, lejos, uno de sus hombres más cercanos, tampoco ostenta el poder de antaño.

 

Los próximos pasos definirán hasta qué punto el candidato concertacionista le está dando un espacio mayor a su familia o son otros factores los que están sobre la mesa. Sus hijas eran mucho más jóvenes en su primer gobierno, por lo tanto el rol que podían jugar era más limitado que ahora, que son profesionales. También está la posibilidad de que se haya agudizado la desconfianza hacia los partidos que siempre lo caracterizó y, lo que se ve como una mayor influencia de la familia, no sea más que una mayor concentración de poder en sus propias manos.

 

"No es nada personal, es estrictamente negocios". Esa frase de El Padrino, tan repetida en el mundo político y empresarial, refleja algo más que el ingenio del guionista de la película de Francis Ford Coppola.

 

Como otras esferas, la política es una actividad particularmente inconveniente para distribuir responsabilidades basadas en relaciones afectivas. Ningún asesor o colaborador importante -del cual en determinado minuto el candidato podría tener que desprenderse- puede estar blindado por lazos de sangre. Eso es válido incluso en los casos en que los parientes son personas altamente calificadas para cargos de gobierno.

 

¿Hasta qué punto las quejas en la Concertación reflejan más bien el nerviosismo de quienes están ansiosos por ser incluidos en el equipo de campaña? ¿El candidato no está simplemente apoyándose afectivamente en su familia, como cualquier otra persona que enfrenta un desafío de envergadura?

 

Ahora que está organizando sus equipos de campaña y en los meses que quedan para medirse en las urnas con Sebastián Piñera, Frei tiene la oportunidad de dar respuesta a esas preguntas con señales claras sobre el lugar que ocuparán sus familiares en el comando.

 

Para apropiarse del discurso de meritocracia frente al candidato de la Alianza, su mensaje debe ser que el profesionalismo y la capacidad de delegar y construir confianzas es lo que cuenta a la hora de escoger colaboradores y tomar decisiones políticas.