Enchulando a la Concertación

Patricio Navia

La Tercera, abril 12, 2009

 

De todos los complejos desafíos que deberá enfrentar el candidato presidencial Eduardo Frei, el más difícil será lograr que la Concertación se convierta en un activo para su campaña. Su capacidad de producir una sorpresa en diciembre dependerá, en buena medida, de que primero demuestre su liderazgo al interior de la coalición. Los chilenos le confiarán el timón del país sólo si Frei primero demuestra que puede traer gobernabilidad a la coalición oficial.

 

Agotada y gastada después de 20 años en el poder, la Concertación se ha convertido en un pasivo político. Después de ser incapaz de convertirse en líder de la Concertación, Bachelet optó por alejarse de la coalición de gobierno. La estrategia funcionó. Su aprobación y la de su gobierno superan con creces la aprobación del conglomerado oficialista.

 

Después de liderar por muchos años, la Concertación empata con la Alianza en la evaluación que los chilenos hacen de su desempeño. Marcada por escándalos de corrupción, indisciplina partidista, contraproducentes autoritarismos y vergonzantes disputas internas, la Concertación hoy resta más de lo que suma.

 

Oficialmente ungido como su candidato presidencial, el senador Frei debe poner en orden a su coalición. Además de sanar heridas, Frei debe aprovechar los incentivos institucionales que otorgan gran poder al candidato para ordenar a los partidos de su sector. Afortunadamente, las heridas no son profundas. Contrario a lo que los liderazgos partidistas anticipaban, las primarias no dividieron a la coalición.

 

El impropio insulto del senador Camilo Escalona contra el derrotado candidato radical José Gómez habla más del lamentable estado de los partidos políticos que de la inconveniencia de realizar primarias. La baja participación se explica porque las primarias se realizaron para solucionar un problema de las elites concertacionistas, no para que la gente decidiera el candidato.

 

De todos modos, Frei debe asegurarse de tender puentes hacia Gómez y sus simpatizantes. Más que prometer puestos y asegurar escaños para los hábiles negociadores radicales, Frei debe hacerse cargo de las preocupaciones y prioridades de aquellos que se comprometieron con la campaña radical.

 

Frei también debiera aprovechar los incentivos institucionales para poner orden en la Concertación. La negociación de las listas parlamentarias es una oportunidad para demostrar liderazgo. Los partidos querrán garantizar cupos, limitando la competencia, y negociar distritos calados.

 

Si quiere demostrar que promoverá el crecimiento y brindará oportunidades para todos, Frei debe exigir que la lista concertacionista genere muchas oportunidades para la competencia. Si en cambio acepta la repartija de granjerías y privilegios partidistas, Frei difícilmente podrá presentarse como un candidato capaz de liderar a Chile hacia  un estadio superior de desarrollo. En una coalición demasiado acostumbrada a expulsar militantes y censurar la deliberación, Frei deberá demostrar capacidad para escuchar, debatir y también tomar decisiones difíciles.

 

Entre los muchos verbos que últimamente se han sumado al léxico chileno, "enchular" significa disfrazar mejoras superficiales como cambios de fondo. A diferencia de una reconstrucción o remodelación, un enchulamiento no supone transformaciones estructurales. Pero precisamente porque tiene un alto impacto visual y no requiere demasiado tiempo, enchular es a menudo una salida rápida para dar una señal de cambio. En las próximas semanas, Frei debe demostrar que es capaz de enchular a la Concertación.

 

Pero además de renovar la fachada, Frei debe también abocarse a reconstruir los cimientos de democracia interna, competencia y debate de ideas que dieron ese fenomenal impulso inicial a la Concertación hace 20 años. De lo contrario, la coalición que representó la mejor plataforma política electoral en Chile, se convertirá en una pesada ancla que imposibilite la navegación de la nave que Frei quiere hacer zarpar hacia sus océanos azules.