Acarreando las primarias

Patricio Navia

La Tercera, abril 4, 2009

 

El acarreo no debilita la democracia. Pero en democracias débiles, el acarreo constituye la mejor evidencia del desinterés de la gente por los procesos políticos y presagia la decreciente legitimidad del sistema democrático. La preocupación por el acarreo de votantes que pudiera ocurrir en las elecciones primarias de mañana evidencia la incapacidad de la coalición oficialista para entender que, cuando es voluntaria, la participación electoral es alta sólo cuando las campañas se hacen para responder a las necesidades de la gente. Y no cuando se diseñan para solucionar los problemas internos de las coaliciones.

 

Con cada vez menos pudor, los jerarcas concertacionistas han admitido que el ganador de las primarias de mañana será el candidato cuya máquina sea capaz de, literalmente, acarrear más personas a los centros de votación de la Sexta y Séptima Región.

 

Mucho más que la fuerza de las ideas o lo atractivo del candidato, la capacidad de poner buses y regalos a disposición de la gente será el principal determinante de victoria. Ya en sí mismo, eso constituye un vergonzoso traspié para la Concertación (solo aminorado por el hecho de que ni la Alianza ni el Juntos Podemos siquiera se animan a celebrar primarias).

 

Porque son tres partidos contra uno, porque el aparato público está descaradamente al servicio del candidato de la DC y porque, después de todo, también lidera en las encuestas, Eduardo Frei debiera resultar ganador este domingo. Pero el candidato radical, el senador José Antonio Gómez, envalentonado por su victoria sobre Carmen Frei, hermana del candidato DC, en las senatoriales de 2005, sabe que si logra mantenerse en carrera, se convertirá en el ganador de la jornada y quedará en expectante posición para arruinarle la fiesta a la elite concertacionista en las próximas primarias de Antofagasta (donde él es senador), Iquique y Arica.

 

De ahí que el PRSD busque convertir estas primarias más en un golpe de efecto que en un reflejo de las preferencias electorales de los simpatizantes concertacionistas de la zona.

 

El triste espectáculo de las primarias concertacionistas ha subrayado las debilidades del bloque de gobierno y la pérdida de su norte democrático fundacional. Torpemente, la Concertación pensó que la mejor forma de despejar el camino del senador Frei era celebrando unas elecciones simbólicas, un tongo.

 

Así como Pinochet pensó que el plebiscito del 5 de octubre de 1988 sería un mero trámite, la Concertación creyó que podía abrir la ventana a la democracia sin perder la potestad de decidir a priori el resultado. A diferencia del '88, cuando la voz del pueblo se oyó fuerte y claro contra Pinochet, en estas primarias el desinterés popular en el proceso será la mejor evidencia de que la alegría ya se fue. El hecho de que el traslado de gente a los locales de votación se convierta en el gran elector sólo refleja que, 20 años después, el recuerdo del gobierno autoritario, autosuficiente, excluyente y ajeno a la voluntad popular se parece cada vez más a la Concertación de hoy.