Colusión Política

Patricio Navia

La Tercera, marzo 29, 2009

 

Hay justificado malestar por la colusión entre cadenas de farmacias para subir los precios. Lamentablemente, otros casos de colusión que también producen un enorme daño son menos conocidos por la opinión pública. Las dos grandes coaliciones políticas se han comportado de la misma forma, al crear barreras artificialmente altas de entrada para la competencia, reducir el acceso a información de la gente sobre la actividad política y limitar la capacidad de las personas para decidir por sí mismas quiénes serán sus representantes.

 

Nuestro sistema político fue exitoso durante la primera etapa democrática, cuando los temores a la inestabilidad y a una regresión autoritaria hacían prudente reducir el número de actores y privilegiar los acuerdos de las elites, pactados incluso en secreto. Pero a medida que la democracia se consolidó, el argumento a favor de privilegiar un gobierno desde arriba hacia abajo se tornó indecoroso.

 

Era necesario fortalecer la democracia desde abajo hacia arriba, introduciendo mejores mecanismos de rendición de cuentas, más transparencia y, sobre todo, más competencia. Si bien se avanzó en algunos aspectos, como una ley que redujo la opacidad en el financiamiento de las campañas, la clase política se siente muy cómoda con este sistema que facilita la colusión entre las dos grandes coaliciones.

 

El sistema electoral binominal cuasi-legalizó el duopolio político. En más del 90% de los distritos, la Concertación y la Alianza se dividen los escaños uno y uno. En el Senado, sólo en 1 de 57 casos, un candidato independiente ha logrado romper el cerco. Porque las barreras de entrada para los desafiantes son demasiado altas y es inconducente a la competencia entre las coaliciones, el sistema binominal es un mecanismo que induce a la colusión de los grandes bloques. Pero a diferencia de lo que sucede con las farmacias, son los propios beneficiados, los parlamentarios, los que año a año optan por mantener incólume el sistema binominal.

 

 

Debates y rotación de rostros

Durante sus 20 años en La Moneda, la Concertación ha perfeccionado el sistema de la sillita musical. La rotación por distintos puestos se ha incrementado. Después de prometer que nadie se repetiría el plato, Bachelet coronó su más reciente cambio de gabinete con un enroque de leales miembros de la familia concertacionista. La Presidenta parece haber optado por no quebrar platos. 

 

La Alianza contribuye con lo suyo. En vez de privilegiar primarias para escoger candidatos, los dos partidos negocian nombres a puertas cerradas. Si bien después las diferencias las ventilan impúdicamente en público, decepcionan a sus propios electores  con esa falta de consideración por la voluntad de votantes inclinados a desalojar a la Concertación del poder. Esto, sumado a la cercanía de la Alianza con los intereses de grandes grupos económicos despierta sospechas adicionales sobre las prioridades que tendría la oposición si llega a La Moneda.

 

Los pecados se cometen en conjunto: ni la Concertación ni la Alianza parecen interesadas en realizar debates que permitan conocer las posturas de sus presidenciables. El senador Frei pretende que los chilenos voten en unas primarias sin que él se haya enfrentado en un informador cara a cara transmitido para todo el país con el senador Gómez. Como una farmacia que no publica ni los precios ni el contenido de sus remedios, las coaliciones quieren que los chilenos voten por la marca de los candidatos y no por sus propuestas. Desde Bachelet, que nunca ha realizado una verdadera conferencia de prensa durante su mandato (sin restricciones ni pautas), hasta los candidatos que se niegan a hacer públicas sus declaraciones de impuestos personales y las de sus empresas, la opacidad de nuestro sistema político contrasta con los avances en transparencia en otros ámbitos.

 

El escándalo por el reconocimiento público de una de las compañías sobre la colusión entre las tres principales cadenas de farmacias salió a la luz porque existe una legislación que facilita esas denuncias y castiga a los infractores. En la política, distamos mucho de tener las herramientas legales que nos permitan corregir las instancias de colusión que dañan la calidad de la democracia.