Yo también quiero enseñar

Patricio Navia

La Tercera, marzo 22, 2009

 

En los vagones del metro de Nueva York hay un anuncio que invita a profesionales a enseñar en escuelas públicas: "Tú te acuerdas del nombre de tu profesor de primero básico, ¿alguien se acordará de tu nombre? Haz una pasantía como profesor". 

 

Una iniciativa similar es imposible en Chile. La ley actual no permite que profesionales adultos o jubilados o jóvenes idealistas recién egresados, pero sin título de pedagogía, enseñen en nuestras escuelas. Y esta semana el Senado alejó esa posibilidad hasta una nueva discusión en comisión mixta en abril, al eliminar el artículo de la Ley General de Educación que sí lo permitía.

 

Esta inconveniente barrera de entrada dificulta el ingreso temporal de profesionales que quieran dedicar una parte de sus vidas al magisterio. Si bien existen mecanismos para obtener el título de pedagogo, este requisito disuade a muchos que quieren dedicar sólo unos años a la enseñanza. Por otro lado, la existencia de programas express lamentablemente no proveen de las herramientas pedagógicas necesarias a muchas otras personas que sí obtienen su título de pedagogos.  

 

Sin embargo, los países perciben incuestionables beneficios cuando se incorporan personas comprometidas y académicamente preparadas a la loable tarea de educar a los niños.

 

 

Benito Juárez High School

A los 21 años, cuando estudiaba el último año de mi licenciatura en ciencias políticas en la Universidad de Illinois, en Chicago, postulé a un programa para ser tutor en Benito Juárez High School, un colegio secundario en un barrio mayoritariamente latino. Después de un cuidadoso proceso de postulación, donde fueron seleccionados los alumnos con más interés en el trabajo y que demostraron compromiso a asistir a talleres donde se enseñaban herramientas de pedagogía, tuve la fortuna de ser seleccionado. Por un año dediqué un par de horas diarias a enseñar matemáticas, inglés e historia a hijos de inmigrantes que asistían a una escuela donde el 50% de los alumnos abandonaba su educación antes de terminar la secundaria.

 

Si bien recuerdo con orgullo mejoras concretas en el rendimiento de varios alumnos que luego fueron a la universidad, yo fui uno de los principales favorecidos con esa iniciativa. Una experiencia que no podría haber tenido en Chile.

 

 

Un profesor para Chile

Iniciativas de voluntarios, como Un Techo para Chile, no se pueden llevar a cabo en nuestras escuelas públicas. Las barreras de entrada son tales que los jóvenes motivados e interesados en construir un país mejor terminan dedicados a construir mediaguas -actividad para la que están mal preparados- y no a compartir los conocimientos que han adquirido con niños que no han tenido similares oportunidades.

Así como resulta poco eficiente poner a un médico voluntario de cocinero en una población de enfermos desatendidos, la utilización de jóvenes con altos niveles de educación en la construcción de precarias viviendas constituye un profundamente bien intencionado mal uso de recursos. Un Techo para Chile debiera ser Un Profesor para Chile. Lamentablemente, la legislación actual no lo permite.

 

Según la postura defendida por el Colegio de Profesores ante los parlamentarios (entidad que se opone a incorporar el artículo en cuestión en la LGE), ni siquiera la Presidenta Michelle Bachelet con su título de doctora y la experiencia adquirida tras cinco años a cargo del país estaría capacitada para ser profesora de niños de básica.

 

A menos que el Congreso apruebe que profesionales capacitados puedan ejercer como maestros, la Mandataria que luchó por fortalecer la educación preescolar no podrá coronar su legado con una reforma que transforme profundamente la calidad de la enseñanza que reciben los niños chilenos.

 

La Presidenta tiene una inmejorable oportunidad para demostrar su compromiso con la educación de calidad para los niños que menos oportunidades han tenido insistiendo ante los parlamentarios para que voten a favor de la indicación en la nueva Ley General de Educación. Este debiera convertirse en el más importante, celebrado y transformador de sus legados presidenciales.