Irresponsabilidad compartida

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 19, 2008

 

La revelación sobre la vergonzosa situación de influencia indebida que ejerció el senador Guido Girardi sobre un carabinero que lo multó por exceso de velocidad, comprensiblemente ha provocado la molestia de la ciudadanía.

 

Precisamente por su investidura, Girardi debió haber aceptado la multa sin reclamar. Su infantil excusa, alegando que una comitiva iba más rápido y no fue multada, evidencia que el senador simplemente no entiende ni la aplicación de la ley ni el sentido común. Las infracciones de otros no justifican las irresponsabilidades propias. En vez de pedir perdón, Girardi se hundió aún más con su actitud prepotente.

 

Pero la culpa no es sólo de Girardi. El descriterio de la subsecretaria de Carabineros fue aún mayor. Después de escuchar el reclamo del desubicado senador, Javiera Blanco debió haber ignorado la petición o recordarle a Girardi que todos somos iguales ante la ley. Si los chilenos normales no pueden llamar a la autoridad para reclamar por el trato "mal educado" de un carabinero, los senadores, por honorables que sean, tampoco debieran poder hacerlo. Pero la subsecretaria se convirtió en cómplice de este burdo tráfico de influencias. Sólo por eso, ella debiera presentar su renuncia. De no hacerlo, será el hazmerreír de un gobierno que no necesita más escándalos.

 

Finalmente, Carabineros también dejó mucho que desear en su actitud. En vez de defender la legalidad, las instituciones y la igualdad ante la ley, la institución cedió demasiado rápido a las impropias presiones políticas. Nadie debiera estar obligado a hacer cosas moralmente sancionables.

 

En esta comedia de errores y descriteriadas evidencias de irrespeto por la ley y las buenas costumbres gatilladas por el siempre controversial senador líder del PPD, las irresponsabilidades han sido compartidas. Si bien nadie espera que Girardi renuncie o enmiende sus errores, tampoco se puede aspirar a que después de 15 años en el Parlamento cambie de actitud y comience a actuar de otra manera, el gobierno de Bachelet debiera dar alguna señal más poderosa en defensa de la probidad, las instituciones y en rechazo a las presiones indebidas que un miembro del gabinete ejerció en este capítulo.