La carta de Lagos

Patricio Navia

La Tercera (edición de regiones), noviembre 13, 2008

 

En su carta de aceptación condicional de una candidatura presidencial, Ricardo Lagos desnuda dos razones que hacen improbable que su candidatura tenga éxito. A menos que entienda que una campaña es un ejercicio de humildad y en tanto no acepte que para ser candidato debe ejercer un liderazgo activo que convoque y no un liderazgo pasivo que establezca condiciones, su retorno a la política amenaza con destruir su trayectoria con muchas más luces que sombras.

 

En su carta, Lagos se centra más en lo que otros deben hacer que en lo que él está dispuesto a hacer para liderar el cambio. Pone condiciones, no describe un plan de acción. Dice lo que se necesita, no entrega luces de cómo lograrlo ni explicita su intención de provocar esos cambios. Establece requisitos que los demás deben cumplir. Lagos equivocadamente cree que los chilenos le están pidiendo que vuelva. No entiende que un candidato debe salir a pedir el voto, primero de los simpatizantes de la Concertación en primarias abiertas y vinculantes, y después de una mayoría de los chilenos en la elección presidencial. El mandato es de la gente, no del candidato.

 

Adicionalmente, Lagos parece creer que puede exigir condiciones a la Concertación. Al sugerir que “no resulta comprensible que quien conduce la coalición de gobierno no tenga una palabra que decir sobre los candidatos de la coalición que sean elegidos en una elección simultanea”, después de oponerse a primarias abiertas, Lagos ahora también quiere convertirse en el gran elector que defina los candidatos al parlamento de la Concertación.

 

En la reciente elección municipal, los candidatos que el ex Presidente Lagos entró a “salvar”—como Álvaro García en Cerro Navia y Aldo Cornejo en Valparaíso—sufrieron sendas derrotas. Jaime Ravinet, que tuvo un notable previo desempeño como alcalde de Santiago, usó una estrategia similar a la que Lagos intenta hoy. Con slogans como “lo echábamos de menos” y “marca registrada”, Ravinet pavimentó el camino de su aplastante derrota al creer que la campaña era más sobre sí mismo que sobre los residentes de Santiago.

 

¡Qué duda cabe! Lagos fue un presidente con muchas más luces que sombras. Pero los chilenos buscan un líder que, además de responder a los desafíos del futuro, entienda que las condiciones para gobernar las establecen los electores, no aquellos que están postulando para ocupar el cargo. Mucho más que establecer condiciones, Lagos debe demostrar que es capaz de liderar con humildad y convicción el cambio que su coalición tan urgentemente necesita.