A la sombra del dictador

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 13, 2008

 

Heraldo Muñoz lanzó ayer A la sombra del dictador, la vida bajo Augusto Pinochet, un libro personal pensado más para estadounidenses que para la audiencia chilena. En 376 páginas, el actual embajador ante Naciones Unidas demuestra una singular habilidad para explicar los procesos políticos chilenos a lectores extranjeros.

 

Muñoz posee un doctorado en ciencia política de la Universidad de Denver, donde fue alumno del diplomático checo Joseph Korbel. Allí, estudió junto a Condoleezza Rice y conoció a la hija de Korbel, Madeleine Albright.

 

La candidez de Muñoz sobre sus contactos internacionales—marcado más por su educación estadounidense que por una falsa modestia nacional—le ha generado ácidas críticas en Chile. En este libro, el ex ministro narra en detalle diálogos y encuentros con reconocidas figuras internacionales. Hay pocos chilenos con tantos contactos, pero hay todavía menos que los hayan forjado antes de ser actores políticos importantes.

 

Aunque el título anuncia claramente el estilo biográfico, Muñoz cuenta una historia que polarizó profundamente a Chile. De la misma forma que describe a Pinochet como “el producto accidental de la polarización que dividió al mundo” en la guerra fría, Muñoz aparece como un narrador accidental, un socialista que quería construir un país mejor, pero que también vivía la exclusión que existía en el país.

 

A los 18 años, gracias a una beca, viajó a estudiar a Estados Unidos, donde conoció a su esposa Pamela. Ambos volvieron a Chile poco después del triunfo de Allende y emigraron a Estados Unidos después del golpe. Allí, a la par de iniciar una carrera académica, Muñoz participó activamente en política. Su cercanía con Ricardo Lagos data de esa época.

 

El libro entrega detalles desconocidos sobre el gobierno de Ricardo Lagos, cuando el autor fue vicecanciller. Por encargo de Lagos, Muñoz recibió a Augusto Pinochet Hiriart poco después de la elección de enero de 2000, para conversar sobre la liberación del ex dictador.

 

Cuenta que Ricardo Froilán Lagos bromeaba diciendo que Pinochet perdería el plebiscito de 1988 porque se celebraba el 5 de octubre, día de San Froilán.

 

El diplomático evita análisis críticos de los gobiernos concertacionistas y es especialmente bondadoso con el sexenio de su “amigo personal” Ricardo Lagos. El texto se hubiera visto fortalecido si Muñoz usara con los gobiernos de la Concertación la misma severa vara analítica que aplica a la dictadura.

 

Ayer, en la presentación del libro en el Wilson Center en Washington D.C., el Secretario General de la OEA José Miguel Insulza destacó que el libro era una excelente combinación de la historia personal de Muñoz pero también de la historia de Chile. El presidente de Diálogo Interamericano Peter Hakim también elogió el libro, destacando la capacidad de Muñoz para reconocer los aciertos del gobierno de Pinochet. Aunque todos concordaron que el legado de Pinochet estaría más marcado por las violaciones a los derechos humanos que por sus reformas económicas.

 

 

Al escribir sobre Pinochet, Muñoz parece aceptar tácitamente que la figura del ex dictador se impone como la del gobernante chileno más influyente del pasado reciente. Aunque Muñoz se esmera en destacar los logros de los gobiernos concertacionistas, en particular el de Ricardo Lagos, el título del libro sintetiza brillantemente la cada vez más evidente realidad de un país cuya democracia y cuyo progreso se forjaron A la sombra del dictador.