Obama y mi Sueño Americano

Patricio Navia

La Tercera, agosto 30, 2008

 

Los 80 mil asistentes al discurso de Barack Obama en Denver y los millones que lo vieron por televisión fueron testigos de cómo, por primera vez, un negro era nominado a la presidencia de Estados Unidos. Un país marcado por una historia de esclavitud y discriminación racial daba un paso monumental para reencontrarse con su historia y su ideal fundacional de libertad e igualdad de oportunidades.

 

Sabiendo que su discurso será un referente para generaciones futuras, Obama sorpresivamente dio vuelta el tablero. “Esta elección no es sobre mí. Es sobre ustedes.”  El político negro se convirtió en político nacional. Como en bien ejecutada sinfonía, el discurso mezcló dulzura y firmeza, resolución y determinación, compasión y certeros golpes políticos contra los republicanos. Al ironizar sobre las acusaciones respecto a su condición de estrella, Obama nos recordó sus humildes orígenes y los de su familia en Kansas.

 

Cuando Obama habló de su familia, pensé en mi propia familia. Mis padres hace 21 años se sumaron al sueño americano y emigraron a Chicago con sus cuatro hijos desde un Chile que entonces era un país de enemigos con muy pocas oportunidades para los que no estábamos bien conectados. Cuando Obama dijo que llegó a Chicago en un auto cargando todas sus pertenencias, sentí que su sueño americano era también mi sueño americano. 

 

Cuando Obama habló de su propia historia, pensé en mi padre y madre recién llegados que sin saber inglés salían a trabajar todas las mañanas con el entusiasmo de saber que si se trabaja arduamente, llegarán las oportunidades. Cuando Obama habló de la imperiosa necesidad de dar una educación igualitaria a todos, pensé en mi hermano menor—ahora doctor en biología—junto a quien todas las mañanas tomaba el bus amarillo que nos llevaba al High School. Recordé su cara de sorpresa, susto y risa, cuando el comportamiento de nuestros compañeros de bus dejaban en claro las diferencias culturales.  

 

Cuando Obama habló de la familia, pensé en mis cinco sobrinos nacidos en Estados Unidos. Sus historias no son tan distintas a las del candidato. Inti y Leaf tienen nombres igualmente inusuales. Al ver a Obama pensé que cualquiera de ellos podría llegar a presidente de Estados Unidos. Mejor aún, supe que todos podrán gozar del derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

 

Tal vez sólo en Estados Unidos un hombre nacido en las condiciones de Obama puede llegar democráticamente a la presidencia. El sistema político es lo suficientemente inclusivo para lograr esos resultados. En América latina, los candidatos alternativos tienen que desafiar al sistema para lograr representación. El sueño americano, de inclusión social y oportunidades—debilitado en años recientes, insuficientemente amplio y marcado por la discriminación y el racismo—es una causa a defender y un objetivo por el que vale la pena luchar.

 

Aquellos que, además se sentirnos partícipes y beneficiaron del sueño americano, también somos parte de otros países, podemos ver en Obama una causa de inspiración. Chile merece líderes que entiendan que las elecciones son sobre la gente y no sobre ellos mismos. Chile merece un sueño nacional de igualdad de oportunidades, y de responsabilidades individuales y colectivas.

 

El inspirador discurso de Obama reafirmó mi compromiso con mi otra sociedad, la de Chile, donde el sueño nacional está todavía por construir y donde la igualdad de oportunidades es un ideal lejano pero posible. Necesitamos un sueño de país, un líder que de la señal para marchar, todos juntos, a construir una sociedad donde todos puedan individual y colectivamente buscar la felicidad.