Cuatro años no es nada

Patricio Navia

La Tercera, agosto 10, 2008

 

Hace cuatro años, Chile se preparaba para celebrar su primera elección separada de alcaldes y concejales. La economía iba como avión, el presidente gozaba de una enorme popularidad y la Concertación parecía haber recuperado la mística. La Alianza estaba sumida en tal confusión que ya se veían indicios del debilitamiento de Joaquín Lavín. Abundaban los rumores sobre el inminente cambio de gabinete que permitiría a Soledad Alvear y a Michelle Bachelet dedicarse a la campaña municipal. Porque los presidenciables oficialistas eran ministros en el gabinete, La Moneda controlaba el inicio de la carrera presidencial.

 

El contraste de la situación actual con lo que pasaba cuatro años atrás no puede ser más evidente. De acuerdo a la encuesta del CEP de junio de 2004, un 34,9% creía que la situación económica mejoraría. Hoy esa cifra llega sólo al 17%. Mientras entonces sólo un 8,9% creía que la situación económica empeoraría, hoy uno de cada cuatro chilenos cree que la economía empeorará.

 

Las preocupaciones de la gente también han cambiado. Hace cuatro años, sólo un 6,7% mencionaba la inflación como un problema. Hoy un 30% lo ve como uno de los tres problemas más serios que debe enfrentar el gobierno. Si bien ha disminuido la preocupación respecto al empleo y la pobreza, ha subido la preocupación por la delincuencia. Entonces, la aprobación del Presidente Lagos era de 57,5%, y sólo un 21,7% lo desaprobaba. Hace un mes, la aprobación de Bachelet alcanzó un 40% y su desaprobación llegó a 43%. Ni en su peor momento, Lagos generó tanto rechazo. En medio de los escándalos de corrupción a fines de 2002, sólo el 31% rechazaba su desempeño. La gente está crecientemente molesta con los políticos. En 2004, un 36,4% de los no se identificaba con ninguna de las tres coaliciones. Hoy esa cifra alcanza al 52%. Los adherentes de la Concertación cayeron de 32% a 23% mientras que los de Alianza bajaron de 20% al 14%.

 

Hay razones para explicar este desánimo. En julio de 2004, la inflación fue de 0,2% y la acumulada en 12 meses llegaba a 1,4%. En cambio, en julio de 2008, fue de 1,1% y la acumulada anual llegó al 9,5%. El aumento en los precios explica en buena medida la desazón. Incluso las buenas noticias parecen entusiasmar poco. El Imacec de julio de 2004 fue 5,8%, y el crecimiento económico acumulado en el año llegaba al 4,7%. El mes recién pasado, el mismo indicador alcanzó un 5,0%, y el acumulado anual llegó al 3,5%. Los chilenos están más preocupados de la inflación que del crecimiento.

 

El gobierno, cuyas inhabilidades comunicacionales alcanza niveles inverosímiles, se esfuerza en señalar que no hay crisis. Pero el propio vocero traiciona el mensaje cuando celebra los datos de una encuesta de aprobación presidencial diciendo que “pasamos agosto.” Como si el gobierno fuera un anciano que teme por su vida, el Ministro Vidal cándidamente graficó la pesimista percepción que existe en la propia Concertación.

 

Afortunadamente, hay una razón al menos para estar optimista. Apenas ocurrida la elección municipal de 2004, se desató la campaña presidencial. Las propuestas, ideas y promesas de los aspirantes comenzaron a reemplazar los mensajes y discursos del gobierno de Lagos que preparaba una apoteósica salida. La atención se comenzó a centrar en las presidenciales del año siguiente. Lo mismo ocurrirá ahora. Aquellos que logren articular un mensaje de optimismo y puedan presentar una visión de un país mejor tendrán mejores opciones frente a un electorado que recuerda que hace cuatro años atrás el país estaba de fiesta y que quiere volver a estarlo.