Parlamentarios de dedicación exclusiva

Patricio Navia

La Tercera, julio 13, 2008

 

Ya sea porque sus responsabilidades así lo deberían exigir, porque hay potenciales conflictos de interés con otras actividades remuneradas o simplemente porque la profesionalización de la política es esencial para el desarrollo, los legisladores deben ser de dedicación exclusiva.

 

El 8 de julio, la Cámara de Diputados rechazó una indicación imprescindible para avanzar hacia una mayor transparencia y una mejor calidad de la política. Ante la propuesta de incorporar al Artículo 60 de la Constitución el inciso “el cargo de senador y de diputado es de dedicación exclusiva”, 63 diputados votaron a favor y 34 en contra. Al no alcanzar una mayoría calificada, el inciso no será parte de la Constitución.

 

Los 34 parlamentarios que votaron contra la reforma militan en la Alianza (la lista está en http://www.camara.cl/vt/votar2.asp?vperiodo=07-2008. Es comprensible, y necesario, que la Alianza denuncie con vehemencia los errores y desaciertos del gobierno. Es más, debemos celebrar los esfuerzos aliancistas por defender la probidad. Pero resulta inaceptable que la Alianza se oponga a la rendición de cuentas en el parlamento. Es legítimo rechazar muchas iniciativas de reforma constitucional que impulsa el gobierno concertacionista, pero es incomprensible que la Alianza rechace también reformas que mejoran la calidad de la política.

 

Los parlamentarios perciben ingresos líquidos cercanos a los $8 millones mensuales. Esto es, 50 veces el sueldo mínimo y casi 20 veces más que el ingreso promedio de los chilenos. Sus complejas obligaciones y delicadas tareas explican que sus sueldos sean así de altos. Por esas mismas razones, sus pegas debieran ser de dedicación exclusiva. No hay motivo que justifique que un parlamentario perciba ingresos por actividades adicionales a sus obligaciones legislativas.

 

Si bien algunos parlamentarios parecen incapaces de ver los conflictos de interés evidente entre un parlamentario y otras actividades remuneradas, la principal razón para votar contra la reforma parece haber sido la oposición de la Alianza a otros aspectos de la reforma constitucional. Pero las discrepancias sobre el sistema electoral o la inscripción automática no debieran también bloquear reformas tan necesarias y razonables como el de dedicación exclusiva. El presunto candidato presidencial de la Alianza, Sebastián Piñera, debiera públicamente convocar a sus parlamentarios a aprobar esta reforma. La salud de la democracia chilena así lo precisa.

 

La transparencia y efectividad de las instituciones determina la calidad de la democracia. A veinte años del retorno de la democracia, nuestro estado precisa de modernización. Difícilmente podrá el Congreso liderar esa modernización si es incapaz de demostrar que la caridad comienza por casa. Mientras los diputados se resistan a avanzar hacia una mayor transparencia y una mejor rendición de cuentas, difícilmente podrán ejercer el papel fiscalizador que les otorga la Constitución.