De hojarasca a tormenta

Patricio Navia

La Tercera, mayo 19, 2008

 

Si bien ya nadie esperaba que este gobierno pasara a la historia como el más exitoso de los últimos años, crecientemente se impone la sensación de que mientras antes llegue el próximo periodo electoral, mejor para el país y también para el propio gobierno. Aquellos que alegan que un periodo de cuatro años es demasiado corto tendrán que aceptar que, en esta ocasión está resultando demasiado largo. Las críticas al gobierno, cada vez más duras, enunciadas por medios de prensa internacionales reflejan tanto la decepción con un gobierno del que se esperaba más como el contraste con los éxitos que algunos países de la región han logrado en años recientes.

 

Desde que en noviembre de 2006 el ex Presidente Lagos calificara los problemas de la Concertación como “hojarasca de estos días”, las dificultades oficialistas parecen haber devenido más bien en una condición invernal. La otrora disciplinada, creativa y poderosa coalición ya no parece tener ni la fuerza ni la voluntad para liderar las urgentes reformas que necesita el país. Peor aún, pareciera que la hoja de ruta inicial se ha desdibujado y ahora al interior del propio gobierno hay profundas discrepancias sobre cuál es el sendero a seguir.

 

Mucho más que las protestas estudiantiles de 2006, los innobles problemas de implementación del Transantiago a comienzos de 2007, la evitable acusación constitucional contra Provoste y los escándalos de corrupción y errores tipo hospital de Curepto, la mejor evidencia de los problemas de conducción del gobierno es el conflicto en Codelco. Porque la Presidenta Bachelet nunca se decidió entre posición de Hacienda contra la incorporación de trabajadores subcontratados y la postura a favor defendida por el Ministerio del Trabajo, la Corte Suprema terminó tomando la decisión. Al final, Bachelet igual optó por una política de incorporación, pero parcial.

 

Las indecisiones presidenciales debilitan profundamente a los ministros. La llegada de Pérez Yoma a Interior fue decepcionante precisamente porque el titular de Interior terminó atado de manos. Aunque se hable mucho de empoderamiento, la mejor evidencia de la debilidad de los ministros radica en que ninguno de ellos se vislumbra como posibles candidatos presidenciales. Mientras el ex Presidente Lagos dio inicio a la carrera presidencial un mes antes de las  municipales (al pedir la renuncia a sus ministras Alvear y Bachelet), ahora la carrera presidencial se desató en forma autónoma. Después de todo, la propia Presidenta había cándidamente anunciado el fin de su gobierno para comienzos de 2008.

 

El gobierno ha respondido torpemente frente a las críticas de los medios extranjeros. Al comentar que “una golondrina no hace verano”, el Ministro Viera Gallo parece no querer ver que el cielo de la prensa internacional está lleno de golondrinas que unísonamente destacan lo discreto que ha sido el gobierno actual.

Es verdad que “Michelle” todavía llama la atención en el mundo. Pero el solo hecho que la gente no se refiera a ella como “líder de la red de protección de social” o la “dama de la inclusión” subraya que la Presidenta despierta mucho más cariño que admiración. En la reciente cumbre de Lima, todos la querían saludar. Pero nadie le pide que lidere iniciativas políticas o económicas en América latina. La hojarasca que anunció Lagos ha terminado deviniendo en invierno.

 

Si bien se esforzará en relanzar, por tercera vez, su gobierno este 21 de mayo, el propio lenguaje corporal de Bachelet y el poco interés que despiertan los anuncios que realice deja en claro que este gobierno está llegando a su fin. Afortunadamente para el país—y para la propia Bachelet que ya aparece cansada—el invierno político que ha sido señalado en la prensa internacional llegará pronto a su fin. La llegada de una primavera de promesas y discusión de ideas que traigan los vientos de la próxima campaña municipal inevitablemente –igual como ocurrió en 2004—serán el preludio para la próxima contienda presidencial.