Cuando la mala noticia es el vocero

Patricio Navia

La Tercera, abril 27, 2008

 

El singular estilo de vocería del Ministro Francisco Vidal debilita el mensaje que el gobierno busca comunicar y le otorga un inconveniente protagonismo al mensajero. Así como los carteros saben que lo importante es el mensaje y no su portador, los voceros de gobierno deben saber que mientras más exaltado su estilo y más estridente su voz, menos atención recibirá el mensaje.

En estos cinco meses, las vocerías de Vidal han fluctuado entre lo anecdótico y lo pintoresco. El ministro parece más preocupado del contexto en que se emite que del mensaje en sí. Ha acumulado numerosos desaciertos: desde su intervención sugiriendo que él decidía la continuidad de los ministros-el día que [yo] no le crea, no va a ser ministra-hasta su sorpresivo e inoportuno acento extranjero para ironizar sobre un tema que involucraba a instituciones de otro país.

En Estados Unidos, los voceros de la Casa Blanca son profesionales de las comunicaciones con dedicación exclusiva a esa tarea. No son ministros ni responsables de dependencias tan diversas como la División de Organizaciones Sociales y Chiledeportes. Su tarea consiste en articular la voz del gobierno. Ocasionalmente, cuando hay polémicas, también deben explicar lo que el presidente quiso decir. Para ejercer la función, se debe ser inteligente, cauto, medido con las palabras y muy atento a las potenciales implicaciones e interpretaciones de cualquier frase.

Los voceros profesionales - sean o no ministros - no improvisan ni se dan gustos con sus propias opiniones e interpretaciones. Por lo mismo, no tienen que andar corrigiéndose ni justificándose en problemas personales cuando se hiperventilan o abusan del vocabulario, como le ha sucedido en algunas ocasiones a Vidal. No tienen voz propia.  Jamás se olvidan de que su función es ser la voz del gobierno.

En Chile el papel del vocero parece depender sobre todo de la personalidad del ministro. Mientras Enrique Correa fue un articulador de consensos políticos, Ricardo Lagos Weber pareció privilegiar un estilo cercano y relajado-también poco profesional. Francisco Vidal ha sido el único ministro vocero de más un presidente.

Vidal asumió como vocero del gobierno de Ricardo Lagos - al cual había servido en forma brillante como Subsecretario de Desarrollo Regional - cuando éste empezaba a salir de la crisis de su primera etapa. Se convirtió en un buen telonero que complementaba y aclaraba las firmes y directas declaraciones de Lagos y los mensajes del entonces ministro del Interior, José Miguel Insulza.  Al iniciarse el gobierno de Bachelet, pasó a presidir el directorio de Televisión Nacional.

Pero cuando la situación ameritaba que asumiera un perfil más bajo, no quiso-o no fue capaz-de dejar de comportarse como si siguiera en La Moneda. Sus intervenciones políticas en TVN incluyeron auto-designadas actuaciones como vocero del ex Presidente Lagos e intervención directa en la parrilla programática del canal, sin esconder su objetivo de tironearla al máximo para servir a los intereses del gobierno.

En diciembre de 2007, volvió a la vocería anunciando una mayor presencia.  Esa promesa la ha cumplido con creces. Pero la mayor cantidad e intensidad de vocerías no redundan en un mejor desempeño. En su caso, su protagonismo excesivo lo ha convertido a él en la noticia, lo que ha sido una mala noticia para el gobierno que representa ante la opinión pública.

De vocero ha pasado a ser el líder de la barra brava del gobierno. Siendo que La Moneda parece incapaz de marcar el ritmo político, resulta imprescindible que el vocero de gobierno haga bien su tarea.

Pero mientras Vidal insista en ser el centro de la noticia, La Moneda difícilmente logrará tomar, de una vez por todas, el control de la agenda política.