El que no se mueve…

Patricio Navia

La Tercera, abril 20, 2008

 

José Miguel Insulza arriesga entrar a la galería de notables y aptos chilenos que, habiendo tenido la oportunidad de intentarlo, nunca se decidieron a buscar la presidencia. A menos que mueva pieza pronto, triunfará la inevitabilidad de la candidatura de Ricardo Lagos.

 

En los tiempos que la política mexicana era dominada por el Partido Revolucionario Institucional, se decía que “el que se mueve, no sale en la foto.” Porque la potestad para nominar al candidato la tenía el mandatario saliente, los aspirantes del PRI debían tener la confianza del gran elector. El “dedazo” presidencial zanjaba la disputa por la sucesión. Las elecciones eran una mera ratificación. De hecho, porque el acarreo de votantes y el fraude estaban a la orden del día, los operadores solían decir que las elecciones se organizaban, no se celebraban.

 

Si bien vivió parte de su exilio en México, Insulza sabe que la política chilena funciona con códigos diferentes. El PRI ya quisiera el enorme peso electoral que posee la Concertación en un país donde los votos hay que ganárselos. Pero la Concertación no puede si no admirar la férrea disciplina del PRI. La institucionalidad del “dedazo” solucionaba la inevitable tensión de la sucesión presidencial. En Chile, la sucesión sigue siendo un problema no resuelto. Después de celebrar primarias semi-abiertas en 1993 y abiertas en 1999, la Concertación las abandonó en 2005, cuando la candidata DC Soledad Alvear abandonó la carrera antes de tiempo ante la enorme popularidad de la socialista Michelle Bachelet.

 

No existe proceso establecido de selección del candidato oficial para 2009. En declaraciones recientes, el ex Presidente Lagos se atribuyó derechos superiores a los otros potenciales aspirantes al alegar que su condición de ex presidente lo eximía de la necesidad de legitimización democrática. Además de producir un potencial conflicto en caso de que el ex Presidente Eduardo Frei también aspire a ser candidato, la postura de Lagos recuerda las tendencias autoritarias vitalicias de Pinochet. El candidato debiera ser decidido por los votantes de 2009 para 2009, no por la (hoy irrelevante) voluntad de los electores de 1999 para 1999.

 

En parte, Lagos hizo esas declaraciones amparado en su mejor posicionamiento en las encuestas. Así como Bachelet se impuso por las encuestas, Lagos espera que los sondeos eliminen a potenciales adversarios. Aunque la lógica es impecable, es también dañina para la democracia. Las encuestas a comienzos de 2009 reflejarán una predisposición cuando los electores no han tenido oportunidad de considerar promesas, evaluar programas y analizar debates.

 

Como si el ganador de un Oscar hace 10 años quisiera una nominación para su película actual sólo por haber ganado antes el premio, el planteamiento de Lagos afecta más que nadie a su potencial rival en la izquierda de la Concertación, José Miguel Insulza. El Secretario General de la OEA no ha escondido su interés en ser candidato. Pero tampoco se ha animado a formalizar su candidatura. Alegando que no es el tiempo, Insulza ha esquivado las preguntas.

 

Si bien refleja más muñeca política que honestidad y transparencia, la actitud de Insulza es comprensible. Pero resultaría inaceptable que no se pronunciara sobre el procedimiento de selección del candidato. Para ser consecuente con una postura democrática, en su próxima llegada al país, Insulza debiera abogar por primarias con debates y oportunidades para que el electorado considere las promesas de los aspirantes y, eventualmente, decida con más información que la que existe cuando se realizan encuestas. Si en cambio prefiere el silencio o si refrenda la tesis de Lagos (de los derechos adquiridos o la imposición de encuestas extemporáneas), Insulza estará optando por la tesis de que “el que se mueve, no sale en la foto.”  Pero como la realidad política chilena del siglo XXI es muy distinta a la del México del PRI, si decide no moverse, Insulza definitivamente no saldrá en la foto.