Suicidio, no femicidio

Patricio Navia

La Tercera, abril 17, 2008

 

No había necesidad de que terminara así. Porque los desórdenes administrativos en Educación ameritaban la renuncia voluntaria de la ministra, Bachelet no se debió obsesionar con llegar al final de esta tragedia griega donde todos perdían. Ya que insistió en dar una batalla inútil, Bachelet es la que más ha perdido.

El gobierno tenía razón al cuestionar la legitimidad de la acusación constitucional. En rigor, este fue un castigo político, no un juicio justo. Pero La Moneda no ganaba nada tratando de convertir a Provoste en víctima. Además, su sobre-actuación, que incluyó una demostración excesivamente pública de religiosidad, convirtió un potencial drama en una farsa. Provoste terminó desempeñando un poco convincente papel de mártir. Diaguita, indígena y mujer, Provoste devino en actriz.  

Por cierto, la Alianza tampoco gana. En vez de combatir la corrupción, dejó ver su desesperación por llegar al poder a cualquier precio. La Concertación no podría haber recibido un mejor regalo para caricaturizar la estrategia del desalojo. Ya que no pueden ganar en votos, la Alianza quiere la descalificación de la Concertación por secretaría. En el camino, nadie defendió la probidad.

Quien más pierde es Bachelet. A la Presidenta se le está acabando su periodo de gobierno. No se podía dar el lujo que este affaire consumiera dos meses de su agenda. Además, al obstinarse en defender a Provoste, Bachelet debilitó a su Ministro del Interior y retrasó el avance de la reforma educacional en el Congreso. Peor aún, burdamente el equipo comunicacional de La Moneda intentó presentar este juicio como un intento de femicidio político. Pero como Provoste se presentó voluntariamente a un sacrificio innecesario, la opinión pública lo entendió como un suicidio. Bachelet quedará como cómplice.

 

Ahora que Provoste ha entrado a la innumerable galería de víctimas políticas, el gobierno todavía puede aprovechar la oportunidad para sacar beneficios a una operación que ya tuvo demasiados costos. En vez de centrar su atención en Provoste, La Moneda debería dar vuelta la página nombrando a un titular de incuestionable capacidad política y reputación en Educación. Así, podría lograr que la Alianza compartiera los costos de este innecesariamente sangriento incidente. Si en cambio insiste en destacar el sacrificio de Provoste, Bachelet terminará siendo acusada de complicidad en esta tragedia griega donde las actuaciones en el entablado político fueron particularmente discretas.