Insulza, el mediador

Patricio Navia

La Tercera, marzo 9, 2008

 

Precisamente cuando parecía que su paso por la Secretaría General de la OEA sería un paréntesis en su carrera política, José Miguel Insulza se vio en el centro de la peor tormenta política que ha enfrentado América latina desde el fin de la guerra fría. Pero de la misma forma que se consagró como un político notable en Chile cuando lideró la respuesta del gobierno de Frei al arresto de Pinochet en Londres, Insulza demostró en esta nueva crisis que cuando más grave y difícil el desafío más fuertemente aparece el liderazgo de este calmado, frio, visionario y hábil negociador. 

 

Hace una semana, el ingreso injustificado de tropas colombianas a territorio ecuatoriano elevó dramáticamente la tensión en el continente. Las revelaciones posteriores sobre los contactos del gobierno ecuatoriano con los líderes de las FARC y la virulenta reacción de Hugo Chávez empeoraron la situación. La movilización de tropas en la zona más inestable del continente comprensiblemente alertó a los líderes democráticos de la región. Rápidamente, y gracias a la cooperación de Brasil y al militante bajo perfil de Estados Unidos, el Secretario General logró, con la venia de los países involucrados, negociar una declaración que permitiera las condiciones mínimas para que se produjera un diálogo en la cumbre previamente programada del Grupo de Río en República Dominicana.

 

De todos los escenarios posibles que podrían haberse producido en esa cumbre, el apretón de manos entre los presidentes de Colombia, Ecuador y Venezuela fue muy beneficioso para Insulza. Si bien el acuerdo pone paños fríos, las tensiones están lejos de desaparecer. Los motivos que llevaron al gobierno colombiano a atacar al campamento guerrillero en territorio ecuatoriano siguen presentes. El sonido de trompetas de guerra no se acallará fácilmente. Ahora que evitó condena por el injustificado ataque sobre territorio ecuatoriano, Uribe siente que su estrategia de aniquilamiento de las FARC se ha legitimado. La simpatía de Chávez hacia las FARC no cesará, como tampoco su intento por legitimarla liderando una negociación para liberar rehenes. Correa vio subir su popularidad cuando rechazó la incursión colombiana. Él también pudiera querer seguir sacando partido a este conflicto guerrillero que, para bien o para mal, ya se internacionalizó.

 

Ahora, liderando una misión a la zona del ataque inicial, Insulza será el principal encargado de transformar la buena intención en hechos concretos que permitan construir una paz duradera y estable. Ya que aún una victoria militar del gobierno colombiano sobre las FARC precisará de iniciativas de desmovilización y pacificación, la tarea de Insulza debe ser la construcción de grandes acuerdos en pro de la consolidación democrática. Hay muchos desafíos complejos que podrían fácilmente desrielar dichos acuerdos. La animadversión entre Uribe y Chávez es evidente. La cercanía de Uribe con Estados Unidos y la Chávez con Cuba complican cualquier acuerdo. Después del ataque colombiano, el propio Correa probablemente termine más cerca de Chávez. Las FARC no están interesadas en deponer las armas. La tozudez de Estados Unidos que insiste en militarizar la región tampoco ayuda. El apretón de manos del viernes bien pudiera terminar siendo un inútil intento por lograr una paz imposible. Después de todo, el conflicto se ha prolongado por casi 50 años. Hay buenas razones para pensar que este sigue siendo un volcán a punto de estallar.

 

La tarea de Insulza es difícil. Pero el Secretario General ya dio muestras de que su mejor desempeño ocurre frente a tareas monumentales. Ahora que tiene un mandato y goza de una inmejorable legitimidad, Insulza podrá demostrar sus habilidades negociadoras. Ya que él mismo ha explicitado sus intenciones presidenciales, su posición como constructor de un acuerdo de paz le permitirá frenar a incomprensiblemente ansiosos partidarios que ya lo quieren ver en Chile en la incómoda condición de precandidato presidencial.