Maitencillo para todos

Patricio Navia

La Tercera, febrero 19, 2008

 

La premonitora frase de Salvador Allende que más temprano que tarde se abrirían las grandes alamedas se encuentran hoy al centro de la controversia sobre nuevos proyectos inmobiliarios que transformarán al tradicional balneario de Maintencillo.

 

La protesta de connotados vecinos contra la llegada de nuevos residentes refleja las tensiones entre aquellos que quieren defender “sus granjerías y sus privilegios” (cito a Allende) y los que, amparados en el capitalismo y el estado de derecho, buscan oportunidades de negocio que masifiquen el acceso al balneario. 

 

Algunos residentes se oponen a los nuevos edificios por la sobre-población, la visión panorámica y los cambios en la composición residencial que producirán la llegada de nuevos vecinos. En palabras de Gutenberg Martínez, hombre fuerte del PDC y esposo de la Senadora Soledad Alvear, “Maintencillo tiene una lógica y una estructura que es necesario defender para que no pierda su identidad”.

 

Lamentablemente, la defensa de la tradición inevitablemente está asociada a la exclusión. Los que llegaron primero no quieren que ahora otros disfruten de las bellezas de la zona. Por eso, protestan para que el gobierno (local, regional o nacional) detenga un negocio perfectamente legal dado el plano regulador de Puchuncaví. Una alternativa hubiera sido organizarse para comprar los terrenos de residentes dispuestos a vender. Pero los vecinos prefirieron protestar para restringir el número de propietarios en el balneario. Desde parlamentarios de la Concertación hasta legisladores de la Alianza, incluyendo a un aspirante presidencial del PDC, algunos vecinos se constituyeron legítimamente en un grupo de interés que defiende la relativa exclusividad del balneario. Incluso el vocero de gobierno señaló su apoyo a la protesta.

 

Evidentemente, la creciente demanda por residencias playeras pone en aprietos a los planes reguladores de esas comunas. El crecimiento económico ha permitido a miles de chilenos aspirar a una segunda residencia, junto al mar. Por ello, las localidades costeras precisan mejorar su infraestructura para acomodar a estos nuevos residentes. El paisaje inevitablemente cambiará. Disminuirán las casas y aumentarán los edificios. Llegarán los supermercados y los malls. Aquellas comunidades mejor organizadas podrán evitar la edificación en altura si convencen a vecinos a no vender o si ellos mismos compran esos terrenos a la venta. Pero muchas zonas playeras experimentarán el mismo fenómeno que Providencia, Ñuñoa y Las Condes. Muchas casas serán reemplazadas por edificios.

 

Es discriminador e inconveniente permitir que los balnearios tradicionales se mantengan inmunes al desarrollo. En este campo funciona bien la lógica de mercado. Mientras más crezca Chile, más gente querrá una segunda residencia en la playa. Ahora bien, ya que el sistema electoral permite sólo un lugar de residencia, los nuevos propietarios tendrán que decidir entre votar en uno de sus dos distritos de residencia para defender sus intereses. Las autoridades tendrán que enfrentar crecientes demandas por mejor infraestructura, más carabineros y mejores servicios en las zonas playeras. Tendremos más problemas típicos de países más desarrollados.

 

Pero en vez de organizarse y estar dispuestos a pagar para defender la exclusividad del balneario, algunos vecinos de Maintencillo prefirieron protestar contra la masificación del acceso al balneario, contra la inclusión social. Aparentemente para los líderes de la Concertación que participaron de la marcha, las grandes alamedas no deben llegar hasta Maitencillo.