I am from Brooklyn

Patricio Navia

La Tercera, febrero 17, 2008

 

Después de 10 años de vivir en Brooklyn, hay pocas cosas que me produzcan más placer que decir, con mi acento de angloparlante adoptado, soy de Brooklyn. La multiplicidad de orígenes étnicos y nacionales, la diversidad intrínseca de su población y el constante cambio y reinvención de sus barrios hace que cualquier acento sea compatible con ser de Brooklyn. Pero sólo los que sentimos que nuestra casa está en Brooklyn hacemos uso de ese salvoconducto de identidad universal que implica vivir aquí.

 

Probablemente nadie que visite Nueva York tiene como primera prioridad conocer Brooklyn. Pero ya que alberga a 3 de cada 10 residentes de la ciudad y es el más étnica y culturalmente diverso de los cinco distritos que la componen, Brooklyn es parte esencial de Nueva York. Sin Brooklyn, Manhattan sería poco más que un distrito financiero y comercial donde residen los más ricos y muchos pobres en residencias públicas y gracias a leyes de renta subsidiada. En términos santiaguinos, Brooklyn es a Manhattan lo mismo que Recoleta, Ñuñoa, La Florida y Puente Alto son a Santiago, Providencia y Las Condes.

 

Sus orgullosos residentes se sienten profundamente neoyorquinos, pero también se saben diferentes a los residentes de los otros 4 distritos (boroughs). Aunque muchos turistas nunca lleguen a conocer sus barrios, la imagen que tiene el mundo de Nueva York está inevitablemente asociada tanto con los edificios y símbolos de Manhattan como con los residentes de Brooklyn y sus contribuciones culturales y artísticas.

 

En población, es el borough más importante. Con sus 2,5 millones de habitantes, Brooklyn supera en población a Queens (2,2 millones), Manhattan (1,5 millones), Bronx (1,3 millones) y Staten Island (0,5 millones).  Con tres veces el tamaño físico de Manhattan, Brooklyn posee más diversidad y contrastes. Desde sus lujosas casas en Brooklyn Heights, con una majestuosa vista de Manhattan al otro lado del East River, hasta peligrosos ghettos urbanos en Bedford-Stuyvesant, Brooklyn lo tiene todo. Si midiéramos la desigualad de ingresos, Brooklyn le competiría los países de peor desempeño en América latina.

 

Para aquellos que se aventuran a conocer sus barrios—o al menos a explorarlos por las 18 líneas de metro que lo atraviesan—se hace inevitable pensar en el desorden multilingüe de Babel, la que tanto obsesionaba a Jorge Luis Borges. De hecho, si el escritor argentino hubiera nacido en Nueva York, su barrio de Palermo habría estado inevitablemente en Brooklyn.

 

Después de vivir 10 años en distintos barrios de Brooklyn, aquí siete recomendaciones de imperdibles lugares que se deben conocer en el distrito que más contrastes ofrece en Nueva York.

 

1. El Puente Brooklyn

No hay mejor forma para entrar a Manhattan que a través del Brooklyn Bridge. Construido entre 1870 y 1883, este puente colgante de dos kilómetros de longitud es un monumento a la imaginación y evidencia elocuente de que las grandes ciudades lo son porque sus fundadores pensaron en grande. Las torres que lo sostienen fueron las construcciones más altas de Estados Unidos hasta que a comienzos del siglo XX se empezaron a levantar los primeros rascacielos. La elegancia y enormidad del puente eran excesivas para la población y el comercio que existía en la época. Un estudio técnico de factibilidad social seguramente hubiera detenido el proyecto antes de iniciar las obras. Su construcción le costó la vida a su creador, John Roebling, un alemán nacionalizado estadounidense, que murió de tétano por un accidente ocurrido en las faenas. Su hijo, Washington, se hizo entonces cargo del proyecto (financiado con dineros públicos y privados). Pero él también fue víctima de una parálisis por una descompresión ocurrida cuando trabajaba bajo el agua en una base de una las torres que sostienen el puente colgante. Otros 27 trabajadores murieron en los 13 años que tomó la construcción.  

 

Con 125 años de edad, la magnífica obra hoy incluye un memorable paseo peatonal que combina una vista fabulosa a Manhattan con una sobrecogedora impresión ante la síntesis de sofisticada ingeniería con capacidad de soñar en grande. Como testimonio permanente del empuje de una ciudad que fue capaz de levantar una obra así de monumental, el Puente Brooklyn es también un compromiso a seguir soñando en grande y un desafío a las generaciones futuras a intentar superar la capacidad creativa y emprendedora de las generaciones pasadas.  

 

Fotos del Brooklyn Bridge: http://en.wikipedia.org/wiki/Brooklyn_bridge

 

2. Williamsburg

Williamsburg es el barrio de moda en Brooklyn. Accesible por los metros L, J, M y Z, se ubica en el extremo norte de Brooklyn, colindante con Queens y Manhattan. Después de la construcción del Puente Williamsburg en 1903, el barrio se pobló de inmigrantes europeos y judíos jasídicos. Después de la segunda guerra mundial, comenzaron a llegar negros desde el sur de Estados Unidos en busca de mejores oportunidades de trabajo. Los puertorriqueños se sumaron ya para la década de los 60. La exclusión social y racial asociada con la pobreza alimentó la inseguridad en los 70 y 80. Eso redujo los precios de los arriendos, lo que eventualmente atrajo a los artistas y estudiantes a comienzos de los 90. La firma del acuerdo de libre comercio con México llevó al cierre de muchas fábricas manufactureras. Eso también permitió la creación de nuevos espacios para artistas, músicos y jóvenes con bajo presupuesto. La llegada de estos nuevos inmigrantes produjo un renacimiento cultural.

 

Además de las galerías y clubes de baile y música en Bedford Avenue, el barrio ha visto un pujante desarrollo de excelentes restaurantes. El restaurante de carnes Peter Luger es el más antiguo y clásico. Desde 1887 ha sido testigo de la evolución del barrio. Más recientemente, el desarrollo de propuestas culinarias innovadoras ha convertido a Williamsburg en un barrio atractivo para los que buscan la energía y la calidad de Soho a precios más alcanzables.  Aquí van mis restaurantes top five:

 

Diner (http://www.dinernyc.com/, 85 Broadway 718-486-3077): Ubicado en un viejo edificio justo bajo el Puente Williamsburg, este pequeño restaurante sorprende porque el menú, que cambia constantemente, lo recita de memoria el mesero, quien además se sienta junto a los comensales para escribir las opciones en el mantel de papel de la mesa. A precios de Brooklyn y calidad de Manhattan, este restaurante además tiene ambiente propio de un barrio que se sabe crecientemente popular pero al otro lado del río, a salvo y aislado de aquellos que creen que Manhattan es Nueva York.

 

Relish (225 Wythe Ave, 718-963-4546): Un clásico dinner con un menú excepcional y una creativa carta de vinos. Al entrar uno se siente como en esas películas de los chicos rebeldes de los 60, pero la artística y étnicamente diversa clientela confirma el paso del tiempo. Inmejorable para el brunch de fin de semana, las motocicletas del taller mecánico ubicado justo en frente hacen soñar a algunos con convertirse en un James Dean moderno, y neoyorquino.

 

Dumont (432 Union Ave., 718-486-7717): Ubicado muy cerca de la carretera que une Brooklyn y Queens, a pasos del metro L (Bedford), este restaurante ofrece un sofisticado menú y una excelente carta de vinos. Para los que quieren precios de picada, el Dumont Burger (314 Bedford Avenue), a unas pocas cuadras ofrece las mejores hamburguesas de la ciudad.

 

Moto (394 Broadway, 718-599-6895): Literalmente una picada a la bajada del metro M (Hewes). En plena frontera entre el sector puertorriqueño y el jasídico, este minúsculo restaurante optimiza el espacio y deja en claro que en el desorden y caos de Babel igual se puede comer bien en ambientes entretenidos, cordiales, relajados y, aún así, de buen gusto. 

 

Black Betty (366 Metropolitan Ave, 718-599-0243): Lugar favorito para cenas después del trabajo, el menú es simple pero sabroso. Es el tipo de restaurante donde uno podría comer todos los días sintiéndose en casa pero también disfrutando de la buena cocina. Visitado por artistas desconocidos y actores consagrados, comparte con la mayoría de los restaurantes del barrio ese aire de “nos sabemos tan cool que hasta podemos también ser simpáticos.”

 

Y si todavía están con ganas para un trago después de la cena, hay que ir a Galápagos (70 N. 6th Street, 718-782-5188),  un clásico bar, disco y centro de performances artísticas. Si nunca han visto a un DVJ (DJ que mezcla música e incorpora imágenes de DVD), debe darse una vuelta por Galápagos. Los especímenes humanos y representantes de diversas tribus urbanas justificarán plenamente el nombre del local aún en los más fríos meses de invierno neoyorquino.

 

Entre los artistas y los jóvenes, Williamsburg es conocido. Para los mayores, los amplios departamentos y lofts (a precios aún convenientes) probablemente los conviertan también en fanáticos del más exitoso de los nuevos barrios de Brooklyn.

 

3. Bedford-Stuyvesant

Bed-Stuy es uno de los peores barrios de la ciudad. La epidemia del crack en los 80 destruyó generaciones completas de jóvenes afroamericanos. Pero Bed-Stuy también ha producido contribuciones notables a la cultura popular. Algunos de los raperos y hip-hoperos más destacados, como Jay-Z, Lil Kim y The Notorious B.I.G. son del barrio. El comediante Chris Rock también creció allí. Y Spike Lee lo muestra en Do the Right Thing (1989).  Los viejos edificios de piedra y ladrillo (brownstone) hablan de un pasado más auspicioso que su lamentable presente. Si bien no es un lugar recomendado para turistas, así como va transformándose la ciudad, en 10 años más debería competir por ser el nuevo barrio de moda para los artistas.

 

Menciones honrosas

Para los que se quieren adentrar en el parque más grande de Nueva York, Prospect Park tiene satisfactorias sorpresas. Además de un notable Jardín Botánico (hay otro en el Bronx), Prospect Park se ha convertido en el centro de un barrio residencial pujante y moderno. Profesionales jóvenes con familias y parejas del mismo sexo lo han adoptado como lugar de residencia. Los restaurantes de calidad y el ambiente hogareño le dan un aire tranquilo, aunque los altos precios de los arriendos lo hacen prohibitivo para jóvenes y artistas que recién inician sus carreras.

 

Coney Island es tal vez el atractivo turístico menos conocido y más impresionante de Brooklyn. Semi-abandonado en invierno, es la única playa ubicada en la ciudad y se puede llegar en metro. Su histórico parque de diversiones, con su montaña rusa de madera y aparentemente enclenque, invita a un viaje a los años 30. A su lado, Brighton Beach se ha convertido en el barrio favorito para los inmigrantes rusos. Además de tiendas con souvenirs de la desaparecida Unión Soviética, un paseo en un día cualquiera permite sospechar que las limosinas y los autos de lujo acarrean a los ya míticos “mafiosos rusos.”

 

DUMBO es un acrónimo que significa Down Under the Manhattan Bridge Overpass, este barrio nació gracias a la globalización. Antiguo sector de bodegas y fábricas manufactureras, sus gigantescos y espaciosos edificios comenzaron a ser transformados en lofts para artistas cuando el desarrollo de la computación permitió la reducción de inventarios y cuando las fábricas comenzaron a irse al tercer mundo. Ya que la onda de los artistas atrae profesionales con más dinero, DUMBO terminó siguiendo los pasos de SoHo y se está convirtiendo en un barrio tan popular que los artistas han tenido que comenzar a emigrar.