Velasco: del Think al Tank

Patricio Navia

La Tercera, enero 13, 2008

 

Ya que la principal tarea de los ministros de Hacienda es cuidar la billetera fiscal, la llegada de Pérez Yoma a Interior es una bendición, disfrazada de golpe, para Andrés Velasco, el otrora ministro más influyente en el gabinete de Bachelet. Al existir ahora un ministro político de peso dispuesto a influir sobre las prioridades de gasto y listo para servir de contraparte pragmática ante un titular de hacienda saludablemente dogmático en temas de disciplina fiscal, este gobierno puede encontrar el equilibrio que necesita para salir de su desorden.

 

Después de ver disminuidas las huestes tecnócratas en el gabinete y ante la evidencia de que Bachelet parece, por primera vez, dispuesta a aceptar a un jefe político fuerte, Velasco puede aplicar el diseño que inicialmente había adoptado para Hacienda. Porque los jefes del equipo económico deben, por sobre todo, velar por la disciplina fiscal, apenas comenzó el gobierno, Velasco buscó un interlocutor político en La Moneda. Después que la alianza con Paulina Veloso fallara por la inhabilidad política de esa ministra, la llegada de Belisario Velasco complicó el diseño de Hacienda. Los dos Velasco nunca se llevaron muy bien. La llegada de Viera-Gallo pareció crear una nueva oportunidad para la formación de una dupla fuerte Hacienda/Gabinete Político. Pero Viera-Gallo no estuvo a la altura del desafío. Andrés Velasco no tuvo más opción que adentrarse en temas políticos en los que no se sentía cómodo y para los que se sabía menos hábil. Peor aún, cuando a un defensa le toca jugar también en el ataque, abre flancos innecesarios en la retaguardia.

 

Frente a un Andrés Velasco débil, las críticas no esperaron. Los partidos literalmente pidieron su cabeza. La responsabilidad de Velasco en apoyar el inicio del Transantiago sirvieron de evidencia incriminatoria para aquellos que desde antes querían su salida. Ante la poderosa emboscada, la Presidenta tuvo que ceder y sacrificar ministros técnicos y liberales. Pero Andrés Velasco sobrevivió. Porque se ha sabido ganar el corazón de la Presidenta y también porque ha sido el arquitecto de las principales reformas del gobierno (pensiones, educación y competitividad), los errores de Velasco pesaron menos que sus aciertos.

 

La evidente derrota en el gabinete de la tecnocracia estilo Expansiva—técnicamente hábil pero políticamente discreta—fue un duro golpe para Velasco. Pero por el bien de la propia tecnocracia, y de la disciplina fiscal que ésta abraza como dogma, Andrés Velasco debe olvidarse de su think tank (que por cierto sobrevivirá al periodo de Bachelet) para subirse al poderoso tank político que construye Pérez Yoma. Ya que no goza de la confianza absoluta de Bachelet como Velasco, Pérez Yoma necesita construir una alianza poderosa con Hacienda. Si forman un poderoso tándem (al estilo Insulza/Eyzaguirre o Boeninger/Foxley), entonces ambos saldrán fortalecidos. Mejor aún, la propia Bachelet podrá recuperar esa atractiva sonrisa con que hizo soñar al país desde arriba de un tanque.