Desvanecimiento de gabinete

Patricio Navia

La Tercera, enero 4, 2008

 

La renuncia del Ministro del Interior Belisario Velasco marca un nuevo mínimo en el ya incorregiblemente desprolijo mandato de Michelle Bachelet. Porque la salida de Velasco ni siquiera puede ser catalogada como un cambio de gabinete, La Moneda se encuentra ahora ante la inusual coyuntura de no tener ni cambio de gabinete ni jefe de gabinete.

 

En estricto rigor, un cambio de gabinete supone la salida de al menos un ministro y la entrada de otro. De preferencia, los cambios de gabinete son gatillados, o al menos anunciados, por el ejecutivo. Ya que el nombramiento de ministros es prerrogativa del Presidente de la República, el control de la agenda en la entrada y salida de nuevos ministros históricamente ha estado circunscrito a las decisiones políticas del mandatario de turno. Ya sea porque los ministros no han hecho bien su labor o porque las necesidades del momento requieren de nuevos rostros y habilidades diferentes, los presidentes utilizan los cambios de gabinete para inyectar de nueva energía a sus gobiernos o para cerrar capítulos dolorosos y complicados.

 

En el caso de Bachelet, los cambios de gabinete han adquirido dimensiones diferentes. Por primera vez desde el retorno de la democracia, los cambios de gabinete han sido gatillados desde fuera de La Moneda. Desde las protestas estudiantiles de 2006 hasta el Transantiago en 2007, los ajustes de ministros que ha realizado Bachelet han sido inducidos desde fuera de La Moneda. Más recientemente, la renuncia de Lagos Weber a la vocería dejó en claro que la batuta política en Chile está en cualquier parte, menos en palacio. 

 

Pero la renuncia de Belisario Velasco a la jefatura de gabinete batió todos los récords. En vez de negociar su salida de tal forma de aprovechar la ocasión para ajustar equipos, Bachelet parece presa de una incomprensible y preocupante inmovilidad. Su incapacidad de tomar decisiones llevó a Velasco a romper todos los protocolos y simplemente abandonar el barco de gobierno que hace rato anda a la deriva. Tanto así que resulta estrictamente equivocado hablar de un cambio de gabinete. El jefe de gabinete renunció, no fue removido. Si bien fue aceptada, su renuncia no fue acompañada del nombramiento de un nuevo titular en Interior.

 

Por eso, ahora el gobierno está en compás de espera. No hay jefe de gabinete. La Presidenta no ha dado señales claras de que está dispuesta, en condiciones o de que posee la capacidad para tomar decisiones. Aunque toda la plaza ya esperaba un ajuste de ministros, La Moneda no tuvo la habilidad mínima para lograr que la salida de Velasco coincidiera con el ajuste largamente anunciado por los propios aliados de Bachelet.

 

Por eso, más que hablar de un cambio de gabinete, el alejamiento de Belisario Velasco evidencia el desvanecimiento del gabinete y, en cierta medida, el excesivamente tempranero inicio de un doloroso y lúgubre fin del gobierno de Bachelet.