El tercero es el vencido

Patricio Navia

Anuario La Tercera, diciembre, 2007

 

Si hace bien las cosas en su tercer año, Bachelet pasará a la historia por la puerta grande. Si en cambio repite los errores, su lugar en la historia estará limitado a haber sido la primera mujer en llegar a La Moneda. Aquí, siete sugerencias:

 

Control del timón político

Después de leer un decálogo que insistía en la necesidad de controlar la agenda, las protestas estudiantiles demostraron la facilidad con que Bachelet permite a otros poner los temas del debate público. Después de la revolución pingüina, su aprobación cayó al 46% (encuesta CEP) y Bachelet debió ajustar el gabinete. Las cosas mejoraron a fines de 2006, un 52% la aprobaba y sólo un 31% la desaprobaba. Pero en 2007, el Transantiago volvió a hacer que el gobierno perdiera el control de la agenda. Al evitar errores no forzados, Bachelet puede minimizar su principal falencia: la percepción generalizada que el gobierno no controla el timón político.

 

Políticas públicas fallidas

El 2007, el Transantiago copó la agenda política, puso al gobierno a la defensiva y forzó un segundo cambio de gabinete. Peor aún, frenó la implementación de otras reformas. Porque se sentía con tarjeta amarilla, el gobierno fue demasiado cauto. Pero el éxito de un gobierno se mide por la cantidad de reformas bien logradas. Precisamente porque ya está en debe por el Transantiago, Bachelet debe arriesgarse a implementar más reformas ambiciosas. Ya tiene un gol en contra. Para ganar, necesita implementar otras reformas que opaquen al Transantiago. Las reformas en pensiones y educación ya están tomando forma. Pero Bachelet puede dejar un legado más ambicioso si también se anima a impulsar la modernización del Estado.

 

Buen gabinete y hoja de ruta

Al nombrar a Francisco Vidal en vocería, se liberó de su segunda contraproducente promesa populista inicial de que “nadie se repite el plato”. El cambio de gabinete anterior sepultó la paridad de género. En su próximo gabinete, Bachelet debe convocar a un equipo fuerte, así sean puros nombres repetidos. Pero también debe evitar la improvisación. Desde sus sorpresivas declaraciones hasta las irreflexivas iniciativas legislativas (fin del lucro en educación), debe mantenerse fiel a los cuatro ejes que delineó en su primer discurso del 21 de mayo.

 

Fortalecer la Concertación

Su simpatía personal es fortaleza sólo cuando su sonrisa emana desde dentro del poderoso y unido tanque concertacionista. Sin una Concertación fuerte, Bachelet es vulnerable. Hasta ahora, Bachelet despierta más simpatía que respeto. El cambio de gabinete debe consolidar el ADN concertacionista. Eso fortalecerá a los partidos. Aunque abandone sus promesas de gobierno ciudadano y de democracia participativa, Bachelet debe privilegiar el fortalecimiento de la Concertación para poder ganar las municipales. Si la Concertación pierde las elecciones de octubre de 2008, Bachelet difícilmente podrá lograr éxitos en su último año.

 

Crecimiento económico

Porque la inflación preocupa y el crecimiento es menor al de América latina, Bachelet debe poner renovado énfasis en la economía, aunque ella prefiera la red de protección social. Con tasas de crecimiento discretas, la protección social seguirá siendo insuficiente. En vez de dejarse llevar por los cantos de sirena de la izquierda estatista, debe profundizar la apertura al mundo y la competitividad. Aunque le duela a los sindicatos, debe impulsar la modernización del Estado. Ninguna reforma educacional podrá ser exitosa sin mejor capacitación de los profesores y mejores instrumentos de rendición de cuentas.

 

¿Gobierno de todos?

Sabiéndose símbolo de la inclusión, Bachelet quiso impulsar un gobierno para todos. Pero el que quiere gobernar para todos termina gobernando para nadie. Ahora, debe privilegiar la eficiencia y la gobernabilidad por sobre la participación y las comisiones. Aunque algunos la acusen de traidora a sus ideales socialistas, los resultados serán más provechosos.

 

¿Un paréntesis entre dos Lagos?

Ahora que Lagos ha vuelto al ruedo, la Presidenta tiene la inmejorable oportunidad para demostrar que ella no es sólo un paréntesis entre dos administraciones Lagos. Al distanciarse de Lagos, enviará una señal de independencia que le granjeará respeto en los partidos políticos. Además, podrá también evitar un temprano síndrome de pato cojo.