La salud de los presidenciables

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 26, 2007

 

Además de exteriorizar la tensión a la que ha estado sometida en últimamente, el ingreso de urgencia de Soledad Alvear a una clínica puede hacerle más daño a sus aspiraciones presidenciales que la crisis que posiblemente contribuyó a debilitar su salud.

 

Nunca es bueno que se sospeche de su salud cuando se está buscando un trabajo. Los potenciales empleadores comprensiblemente prefieren candidatos con una salud más apta. Los votantes también quieren presidentes saludables. Ya que las exigencias del trabajo someten a mucha tensión y requieren de un compromiso de 24 horas siete días a la semana, la salud del presidente es cuestión de interés nacional.

 

En Estados Unidos, la ficha médica del presidente y los resultados de su examen anual son información pública. El 9 de agosto de 2007, la Casa Blanca entregó los resultados del último examen anual del Presidente Bush (con 86,6 kilos, posee una salud excepcional para un hombre de 61 años de edad).  

 

[La ficha médica de Bush está en: http://news.findlaw.com/nytimes/docs/gwbush/gwbush80707medicalhistory.html ]

 

 

Los candidatos presidenciales estadounidenses también entregan voluntariamente información sobre su salud para demostrar que están en condiciones de enfrentar las exigencias del trabajo. Cuando aparecen dudas sobre su salud, los candidatos sufren caídas en su intención de voto. La semana recién pasada, el aspirante republicano Rudolph Guiliani fue internado en una clínica en Missouri por severos dolores de cabeza. Ya que antes tuvo cáncer a la próstata, su salud se convirtió en un tema de preocupación que afectó negativamente su campaña. En la bolsa electrónica intrade.com, la probabilidad de que Guiliani gane la nominación bajó de 35% a 28%. Mientras sus médicos no hagan pública su ficha médica, los rumores sobre su salud añadirán más incertidumbre a las primarias republicanas.

 

En Chile, la salud de los candidatos presidenciales ha dejado de ser un tema tabú. Desde la edad del ex Presidente Lagos (nacido en 1938), pasando por el peso del ex Ministro Insulza hasta los tics nerviosos de Sebastián Piñera, la salud de los candidatos es una cuestión cada día más presente en las conversaciones especializadas sobre las fortaleza y debilidades de los aspirantes presidenciales para 2009. Ya que nuestro sistema es tan fuertemente presidencialista y porque no tenemos vicepresidente electo, es comprensible que la opinión pública quiera saber sobre el estado de salud de los candidatos. Así como la prensa deportiva cotidianamente indaga sobre la salud de las estrellas, el secretismo que existía en la prensa política sobre la salud de los candidatos comprensiblemente ha tendido a desaparecer.

 

La sorpresiva internación de urgencia en una clínica de la Senadora Soledad Alvear en Nochebuena por “un fuerte dolor en el pecho” producirá dudas sobre su idoneidad física para aspirar a la primera magistratura. Si la presión causada por el conflicto con Adolfo Zaldívar la hizo terminar en la clínica, entonces ¿qué tan capaz será de enfrentar las innumerables y superiores presiones que afectan a una mandataria?

 

Alvear deberá clarificar dudas sobre su salud si desea mantenerse en carrera presidencial. Si en cambio opta por la privacidad, entonces verá mermadas sus posibilidades de suceder a Bachelet. Además, de lo inconveniente que resulta el secretismo sobre la salud de los aspirantes en un país aún más presidencialista que Estados Unidos, las dudas que despiertan los rumores sobre debilidades de salud afectan electoralmente tanto como los triunfos y fracasos de la cotidiana actividad política.