El cáncer adolfista

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 23, 2007

 

La decisión del Tribunal Supremo DC de expulsar a Adolfo Zaldívar pudiera ser un inútil intento por extirpar un cáncer que ya hizo metástasis. Esta expulsión evidencia que el PDC tiene un problema de hoja de ruta más que de disciplina. En vez de refundarse sobre principios y propuestas relevantes hoy, el PDC busca su norte en una mal concebida disciplina partidista. Por más que ella logre afirmarse en el timón, mientras no sepa qué país quiere construir, el PDC de Alvear seguirá a la deriva.

 

Zaldívar no es un hombre de carácter fácil. Su historia política ha estado marcada por el determinismo en defensa de sus ideales. Inspirado por el liderazgo de la Patria Joven de 1964, Zaldívar siempre ha tenido una vocación anti capitalista y anti comunista. Esa convicción lo llevó a defender los derechos humanos en dictadura. Como otros compañeros de generación, su pertenencia a una clase social privilegiada y su vocación religiosa-política lo llevaron a alimentar aspiraciones presidenciales. Por ello, pese a las encuestas y pese a ser el senador con menos votos en el país, Zaldívar buscó la candidatura presidencial en 2005. Su voluntarismo ciego ayudó a debilitar la candidatura presidencial de Soledad Alvear.

 

Porque no quiere sufrir otro sabotaje interno en 2009, Alvear ha decidido que es mejor expulsar a Zaldívar.  Por eso, la senadora con más votos en el país, forzó la expulsión de Zaldívar con impecables argumentos de disciplina partidista que, no obstante, nunca fueron usados en este periodo democrático. 

 

Zaldívar, profundamente DC

Zaldívar es reacio a actualizar su concepción de mundo. Porque históricamente rechazó el marxismo, vio con malos ojos una coalición con izquierdistas renovados. Ya que su formación DC es más proclive al corporativismo que al libre mercado, Zaldívar es enemigo del modelo neoliberal que exitosamente ha impulsado la Concertación.  Por un lado el senador es profundamente anti-izquierdista. Por otro, es profundamente anti libremercado. La Concertación, especialmente desde Lagos, hizo un giro a la izquierda y profundizó las políticas de libre mercado.  La alianza entre el socialismo que representa Bachelet y el neoliberalismo socialdemócrata de Andrés Velasco terminó por sacar a Zaldívar de sus casillas. El desastre del Transantiago fue solo la excusa para transparentar una decisión que el Senador venía insinuando desde antes. Para Zaldívar, no tiene sentido ser parte de un gobierno que promueve principios e ideales contra los que él ha luchado toda la vida.

 

Afortunadamente para Zaldívar, sus ideales son compartidos ampliamente por los militantes del PDC. Formados en oposición al comunismo pero también al capitalismo, los DC entusiastamente aprueban declaraciones contra el lucro en la educación y contra la secularización de la sociedad. Por eso, Zaldívar alegará que fue expulsado precisamente por defender los ideales DC. Las acusaciones de corrupción y autoritarismo contra la directiva de Alvear son sólo accesorias al argumento central, el espíritu DC está más con Zaldívar que con Alvear.

 

Un partido sin hoja de ruta

La decisión de expulsar al Senador no es sólo una cuestión de disciplina. El PDC ha sido exitoso desde 1990 porque ha privilegiado el pragmatismo (economía social de mercado) por sobre los dogmas corporativistas fundacionales. La economía de mercado se consolidó porque la impulsó y legitimó el PDC. Los técnicos más exitosos del modelo han sido PDC. Pero en el corazón del partido, el capitalismo y el izquierdismo siguen siendo malos. Al denunciar las políticas neoliberales de Andrés Velasco y al separar aguas con el socialismo, Zaldívar se atrevió a decirlo. Alvear, en cambio, ha privilegiado el continuismo pragmático. Por eso, más que por las acusaciones de corrupción (que por cierto también alcanzan a su facción en el PDC), Zaldívar puede acusar a Alvear de traicionar los principios. Al expulsarlo a él, la directiva del PDC expulsa los principios fundacionales del partido.

 

En una sociedad donde la democracia y el pluralismo religioso son valores centrales, las banderas de lucha del PDC son tan anodinas como insípidas. Pero cambiar de banderas es siempre más difícil que vivir en la contradicción de decir una cosa (“no al lucro”), y promover otra. Con esa contradicción, la DC gobernó exitosamente en los 90. Pero ahora que la expulsión de Zaldívar obliga al partido a definir su propia identidad, separando los buenos de los malos a partir de las doctrinas y dogmas, esa contradicción parece fatal. Incapaz de diseñar una hoja de ruta que reconcilie los dogmas fundacionales con las políticas que se saben más convenientes para el bien del país, el PDC de Alvear  no se atrevió a desafiar a Zaldívar sobre el contenido de sus ideas. En cambio, prefirió usar el argumento de la disciplina para expulsarlo.

 

Ahora, Zaldívar correctamente alegará que fue expulsado por defender los valores históricos de la DC (aunque no tengan sentido hoy). Su expulsión será una metástasis que expanda el cáncer de la contradicción ideológica entre lo que creen los militantes y lo que hace el partido. A menos que Alvear tenga éxito en la difícil tarea de refundar al partido con creencias e ideologías más acordes al mundo globalizado de hoy que a la disputa entre el capitalismo y el comunismo de la guerra fría, la nostálgica hoja de ruta que enarbolará el expulsado Zaldívar evidenciará la desnudez de visión de país del liderazgo PDC.