El error de la derecha (Transantiago para Presidente)

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 16, 2007

 

Equivocadamente, la Alianza optó por no sumarse al informe sobre el Transantiago de la mayoría concertacionista en la Cámara de Diputados. Esperando sacarle más jugo a un limón que ha dejado un gusto amargo en los chilenos, la Alianza cree que el Transantiago será su pasaporte a La Moneda. Pero al ignorar la necesidad de establecer responsabilidades políticas, aunque sean insuficientes, la Alianza también demuestra estar más preocupada de llegar al poder que de dar respuestas razonables a la gente.

 

Es verdad que el claro y concreto informe de la comisión investigadora no responde todas las preguntas ni es lo suficientemente duro con algunos de los responsables técnicos y políticos. Pero aún así, el informe es lapidario respecto a las responsabilidades políticas que asigna tanto al gobierno de Bachelet como al de Lagos. La Alianza debió haberle otorgado la legitimidad a un informe que, reconociendo la mayoría concertacionista, cuestiona profundamente el criterio y el liderazgo de los dos presidentes involucrados en el diseño e implementación de la política pública más desastrosa de toda la era concertacionista.

 

Respecto a las responsabilidades de Lagos, el informe señala “la crisis del Transantiago se explica en parte importante por la ausencia de una institucionalidad adecuada. Este fue un defecto político grave del diseño del nuevo sistema.” Difícilmente se podía ser más duro y directo. Resulta incomprensible que la Alianza no haya querido apoyar y legitimar una conclusión tan devastadora para Lagos.

 

Respecto a Bachelet, el informe la apunta sin nombrarla. Al apuntar al ex ministro Sergio Espejo, los diputados intentar ignorar lo obvio. A Espejo lo nombró Bachelet con el mandato claro de echar a andar el Transantiago. Si Espejo cometió errores, la responsabilidad política recae en la mandataria. Así como Pinochet es políticamente responsable de las violaciones a los derechos humanos ocurridas en su gobierno, Bachelet es responsable política del Transantiago. Si no es moralmente justificado aceptar la excusa pinochetista de que su error fue no ponerle atención a sus aparatos de seguridad, tampoco resulta aceptable que Bachelet eluda su responsabilidad política como jefa de gobierno. La Presidenta debió haberle puesto más atención a la vocecita que le decía que era mala idea iniciar el programa. Espejo era un coronel de Bachelet.

No es valiente ni consecuente ahora intentar cortar el hilo por lo más delgado.

 

Pese a que el informe entrega evidencia para conclusiones devastadoras sobre las responsabilidades políticas de Lagos y Bachelet, la Alianza parecía querer todavía más. En vez de aprobar el informe para luego concentrarse en lo otro que importa ahora—sumar fuerzas para tener un sistema de transportes funcional, moderno y eficiente—la Alianza está obsesionada con la idea de que el Transantiago será el peso que termine de hundir a la Concertación.

 

Si bien es comprensible la impaciencia por volver al poder, es decepcionante querer llegar a La Moneda por eliminación de la Concertación. En vez de demostrar madurez colaborando con la mayoría para emitir un informe que, asignando responsabilidades, permita comenzar a cerrar la herida, la Alianza prefirió el morbo de seguir exprimiendo jugo de un limón cuyo sabor es cotidianamente amargo para millones de chilenos.

 

Porque el electorado está comprensiblemente molesto con la Concertación, la Alianza puede entusiasmarse con La Moneda. Pero en tanto demuestren más preocupación por hundir a la Concertación que por ofrecer soluciones concretas a las personas, evidenciando intención de gobernabilidad y disposición a negociar y buscar compromisos, la Alianza equivoca el camino. Así como los santiaguinos desaprueban el Transantiago pero tampoco quieren volver a las micros amarillas, la Alianza debe entender que su actitud beligerante típica de la vieja derecha le impedirá aprovechar la inmejorable oportunidad que ahora tiene de volver a La Moneda.