Esto no da para más (de nuevo)

Patricio Navia

La tercera, noviembre 28, 2007

 

Porque no es la primera vez que hace esa advertencia y porque tampoco es la primera que envía al Senador Adolfo Zaldívar al Tribunal Supremo, más que anunciar el fin de un conflicto que enfrenta a las dos facciones del PDC, el ultimátum de la presidenta del PDC despierta dudas sobre la capacidad de conducción de la propia Alvear. Si el PDC no expulsa a Zaldívar, las aspiraciones presidenciales de Alvear serán historia. Mucho más que definir la suerte de Zaldívar, que hace rato anda haciendo méritos para la expulsión, la decisión de Alvear de asumir el quiebre del partido constituye el comienzo de su propia travesía por el desierto. Si sale airosa, mejorará sus opciones presidenciales. Pero si ahora retrocede o no consigue que el PDC la respalde en esta difícil decisión, ella será la principal víctima de este enfrentamiento.

 

Cuando a comienzos de mayo Soledad Alvear advirtió por primera vez que “esto no da para más” y que no era el momento de darse “gustitos personales”, Alvear ya tenía en mente al díscolo Senador Zaldívar. En una disputa que ha adquirido ribetes de historieta de Supermán y Lex Luthor (donde ambos se ven en el rol del superhéroe), los dos líderes del PDC se han enfrascado en una disputa cuyos orígenes nadie entiende bien pero cuyo desenlace es inevitablemente fatal. El inestable empate histórico en la correlación de fuerzas tiene al PDC en una guerra civil. Ahora Alvear ha anunciado que prefiere quebrar al partido que mantener la confrontación.

 

Por eso, Alvear movió pieza, solicitando la expulsión del Senador Zaldívar. Si el Tribunal Supremo accede, la expulsión de Zaldívar gatillará el quiebre del partido. Si, para evitar el quiebre, el TS decide contra la expulsión, Alvear tendrá que renunciar, sus aspiraciones presidenciales quedarán enterradas, y el PDC seguirá en empate permanente ente las dos facciones.

 

Zaldívar entiende que tiene pocas posibilidades de éxito fuera del partido del que se siente mesiánico guardián ideológico. Por eso, optó por poner todas sus cartas sobre la mesa, acusando a Alvear de estar coludida con la corrupción. Al mencionar a Ferrocarriles del Estado, donde uno de los principales ejecutivos era el concuñado de Alvear, Zaldívar ha decidido sacar toda la ropa sucia a la palestra.  Ante la idea de ser expulsado del PDC, Zaldívar prefiere que no haya más PDC. Por eso, está dispuesto a dar una pelea que puede terminar con el partido.

 

Algunos honorables DC ilusoriamente quieren evitar la guerra. Sin entender que la guerra civil lleva años, hacen tardíos llamados a la paz. Pero las aspiraciones presidenciales de Alvear dependen ahora de la expulsión de Zaldívar y de la capacidad de la senadora para evitar que el PDC muera con el quiebre, ya sea porque demasiados camaradas siguen al expulsado líder o porque Zaldívar logra instalar la idea de que los que se quedan son los que comulgan con la corrupción que hace rato también está demasiado asociada con el partido de la flecha roja.