¿Por qué no hablas?

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 12, 2007

 

El insólito exabrupto del Rey de España frente a la incontinencia verbal del Presidente venezolano Hugo Chávez terminó convirtiéndose en el resumen perfecto de la deslucida cumbre.  Ni Chávez tenía derecho a robarse el protagonismo, ni el Rey tenía la autoridad moral para inmiscuirse en el debate de representantes democráticamente electos. La oportuna intervención del jefe de gobierno español Rodríguez Zapatero subrayó las profundas diferencias ideológicas dentro de la izquierda, mientras que la falta de protagonismo de los otros mandatarios moderados—incluida la Presidenta chilena—dejó en claro que, pese a todo, Chávez sigue poniendo los temas en la agenda regional.

 

Es verdad que Chávez habla demasiado, y no siempre hace gala de coherencia, pero el menos indicado para hacerlo callar era el Rey de España. Juan Carlos terminó victimizando al presidente venezolano y permitió que desviara la atención del tema de fondo que las acusaciones de Chávez desnudan. La izquierda iberoamericana está profundamente dividida. El socialista presidente español defendió el respeto ante el incendiario discurso de Chávez. Lamentablemente, el resto de los mandatarios de izquierda moderada prefirieron evitar polemizar. Ese inoportuno silencio dice enormidades sobre la influencia de Chávez. Los presidentes de izquierda de América latina tienen miedo de defender sus posturas si eso implica cruzarse en el camino del venezolano. Con eso, permiten que Chávez monopolice el discurso de izquierda en el continente. Por cierto, los esfuerzos del gobierno chileno por bajarle el perfil a los “histrionismos” demuestran una postura inútilmente ingenua. Los avances anunciados perfectamente podían prescindir de una cumbre presidencial. Por más que Bachelet no quiera, Chávez se robó, una vez más la película. De paso, el histrionismo del venezolano subrayó el gran vacío en el discurso de los otros líderes de izquierda en el continente.