Cristina K: Un test para Bachelet

Patricio Navia

La Tercera, Noviembre 4, 2007

 

Ahora que Cristina Kirchner asumirá el poder, las relaciones con Argentina pondrán a prueba los argumentos sobre la forma distinta de hacer política de las mujeres. La cohabitación de dos presidentas constituirá una inmejorable oportunidad para medir el efecto del género. Si la relación bilateral mejora, la nueva forma de hacer política que traen las mujeres al poder hará una diferencia positiva. Si en cambio las relaciones entre Chile y Argentina siguen igual o empeoran, entonces la nueva forma de hacer política se parecerá demasiado a la vieja.

 

Pese a las múltiples declaraciones de buenas intenciones, las relaciones del gobierno de Bachelet con el de Nestor Kirchner no fueron muy fluidas.  Pese a la cercanía ideológica, y habiendo heredado una agenda bilateral con más coincidencias que desencuentros, los dos presidentes tuvieron más roces que entendimientos. La cumbre bilateral en Mendoza, cuando incluso se suspendió un almuerzo, terminó con ambos presidentes caminando incómodamente juntos. Si bien ambos gobiernos cumplieron a cabalidad sus compromisos, no es exagerado sugerir que Bachelet y Kirchner simplemente nunca se llevaron bien.

Ahora, las cosas deberían mejorar. La presidencia de Argentina pasa de Néstor a su esposa Cristina. La presidenta-electa dedicó efusivas palabras a Bachelet durante la campaña chilena. Bachelet respondió con magnanimidad. Incluso invito a la Kirchner a su cierre de campaña para la primera vuelta. Si bien un accidente automovilístico de su comando frustró el evento, Bachelet buscaba asociar su imagen con la de Cristina Kirchner. Ahora que Cristina llega al poder, esa buena predisposición inicial debiera traducirse en relaciones más sólidas y fluidas.

 

Las condiciones estructurales serán las mismas que con Néstor en el poder. No cambia la afinidad ideológica, los desafíos políticos son iguales—problemas de gas, tensiones en algunas áreas del comercio bilateral, compleja agenda de integración regional—y no han aparecido nuevas soluciones. Pero Bachelet ha insistido en que las mujeres, y ella en particular, poseen una forma distinta, más humana, de hacer política. Por eso, si la relación bilateral con Argentina mejora, cobrará fuerza el argumento de que las mujeres poseen una forma distinta de hacer política, una forma que produce mejores resultados.  Si, en cambio, las cosas se mantienen tal cual o incluso se deterioran, sabremos que la política no distingue genero y que la nueva forma de hacer política se parece mucho a la vieja.

Conscientemente, Bachelet ha usado el argumento del machismo para explicar la débil aprobación de su gobierno. Al buscar victimizarse para ocultar los errores de diseño y gestión de su gobierno, Bachelet arriesga caer en la pendiente resbaladiza que termina en la polarización entre buenos y malos. Porque Bachelet también debe ser la presidenta de los machistas, su estrategia debe ser la de convencer sobre la conveniencia de igualdad de oportunidades.

 

Aunque resulta improbable que la igualdad de géneros se alcance atribuyendo estilos de liderazgo diferenciados a hombres y mujeres, Bachelet ya ha quedado cautiva de esa trampa auto tendida. La victoria presidencial de Cristina Kirchner en Argentina constituirá una prueba de fuego para la tesis de diferenciación del liderazgo femenino. El peso de la prueba está ahora en manos de ambas presidentas. Si logran que las relaciones bilaterales mejoren, Bachelet habrá matado varios pájaros de un tiro. Sus argumentos sobre el intento de femicidio político del que fue víctima se fortalecerán y su defensa de las bondades del liderazgo femenino producirá frutos concretos. Pero si las relaciones bilaterales se deterioran, entonces los costos para Bachelet serán gigantescos. A partir de ahora, una buena parte del éxito del cuatrienio de Bachelet depende de lo que pase con Argentina. Desde la mejora en las relaciones bilaterales, pasando por una estrategia común en política internacional, hasta la legitimidad de su tesis sobre las diferencias de énfasis en el liderazgo femenino, imprevistamente Bachelet tiene ahora muchos huevos puestos en la canasta de las relaciones bilaterales con la nueva presidenta de Argentina.