Conmigo, otro Transantiago cantaría

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 1, 2007

 

Demostrando excesiva seguridad de que la gente valora su legado como presidente, Lagos envió una carta a la comisión investigadora del Transantiago sugiriendo que, de haberse mantenido él en la presidencia, otro gallo cantaría. Pero ya que el dejó La Moneda, tuvimos un Transantiago desastroso. Lagos usó la carta para alegar que ningún otro político chileno puede arrogarse su experiencia y sus éxitos en gestión.

 

La crítica a Bachelet es evidente. Lagos no lo pudo haber dicho más claro, de haber estado él al mando, el desastre del Transantiago no habría ocurrido. Lagos señaló, “hasta Marzo de 2006, que es hasta cuando me corresponde abarcar en este informe, las medidas estaban tomadas…”  También dejó entrever que, así como lo hizo frente a la reforma procesal penal y la jornada escolar completa, él hubiera ido al Congreso a solicitar una postergación del Transantiago. Los errores de implementación, que los asuman otros. Por cierto, Lagos también demostró habilidad política al asumir la paternidad del proyecto. Al hacer declaraciones ahora, cuando ya se empieza a ver la luz al final del túnel, Lagos se identifica con el espíritu” del Transantiago, volviendo a poner sobre la mesa su  agenda de reformas modernizadoras.

 

Esta carta no caerá bien en La Moneda. Hay críticas implícitas a la Presidenta y a sus decisiones políticas. Lagos se extiende en detalle aclarando algunas de las falencias de implementación del Transantiago. Desde la insuficiente cantidad de puestos de ventas de tarjetas bip! hasta la necesidad de haber invertido más en infraestructura antes de lanzar el Transantiago, la carta presenta una larga lista de críticas a lo que se hizo y dejó de hacer en 2006. Mientras él fue presidente, las cosas se estaban haciendo bien. Gallardamente, Lagos asumió la responsabilidad política. Pero le pasó la responsabilidad de la implementación durante 2006 a Bachelet. En resumidas cuentas, sugirió que, en su primer año, el gobierno de Bachelet simplemente no dio el ancho frente a la magnitud del desafío.

 

Aunque pudiera sentir el instinto de acusar a Lagos de femicidio político, la Presidenta tendrá que ser cuidadosa en preparar una respuesta. Ya que nunca se atrevió a matar a su padre político (incluso nombró al hijo de Lagos vocero del gobierno), es poco lo que Bachelet puede hacer ahora. En su carta, Lagos habló como jefe de estado (y como candidato presidencial). Nada de bacheletismo ni de cercanía con la gente. La carta ni siquiera menciona al gobierno actual. Lagos sólo se centra en destacar la eficiencia y en el buen gobierno. Es más, para ganar legitimidad, sugirió que, de no asumido el desafío de una reforma al sistema de transportes, él no hubiera estado “a la altura de lo que el país y la ciudadanía esperan de sus gobernantes.” En otras palabras, lo haría todo de nuevo. Y, si él—y no Bachelet—hubiera estado al mando, las cosas habrían salido bien.