El feriado protestante

Patricio Navia

La Tercer, octubre 28, 2007

 

El proyecto de ley que crea un feriado que celebre al mundo protestante no tiene sentido. Porque hace mal sumar feriados a un calendario con ya demasiados días rojos y porque en Chile también hay musulmanes, judíos, mormones e hindúes que deben ser reconocidos, la Cámara de Diputados debiera desechar esta insólita iniciativa.  

 

El proyecto de ley en trámite en el Congreso establecería el 31 de octubre como “día de la iglesia evangélica.” Presentada en noviembre de 2006, la moción está recién en su primer trámite constitucional. De haber sido más creativos, esos 17 diputados que presentaron dos mociones similares habrían sugerido una “ley de cuotas para evangélicos.” Sernam se habría sumado con una indicación adicional de cuotas por género.

 

Es improbable que los evangélicos quieran que sus contribuciones sean reconocidas con un feriado. En aras de la igualdad de credos, tendría más sentido terminar con los feriados católicos (navidad y semana santa son feriados más bien cristianos). Por cierto, si uno se atiene al argumento de Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, los menos interesados en un feriado más debiesen ser los propios protestantes. De acuerdo a Weber, su ética hace a los protestantes trabajar más e invertir su dinero. Eso explicaría la aparición del capitalismo. Aunque la teoría ha sido criticada por simplista, los protestantes se enorgullecen de que sus creencias religiosas se asocien con una ética del trabajo.

 

El protestantismo en Chile es variopinto. No corresponde referirse a la “iglesia evangélica” como si fuera la iglesia católica. No hay un papa protestante. Ni tampoco algo como la conferencia episcopal católica. Cada denominación (bautistas, metodistas, asamblea de Dios, adventistas del séptimo día) tiene su propia doctrina y su propia organización. Es más, entre los pentecostales hay cientos de iglesias que funcionan en forma autónoma. Por eso, los autodenominamos voceros de la “iglesia evangélica” se atribuyen una representación que nadie puede legítimamente poseer.

 

Este proyecto de ley emana de la creatividad de algunos diputados y no de una ansiada demanda de protestantes y evangélicos. Los temas en la agenda de los evangélicos son otros: el fin del trato preferencial a la iglesia católica, capellanes evangélicos en todas las FFAA, mayor representación de evangélicos en el sector público y privado. Desde el retorno de la democracia no hemos tenido ministros de estado protestantes. En el Congreso los evangélicos están sub-representados. Incluso el Te Deum evangélico una semana antes del 18 de septiembre parece premio de consuelo. Sería mejor tener una sola ceremonia religiosa que rotara anualmente por templos de distintos credos. El reconocimiento a las contribuciones de los evangélicos no pasa por un feriado convenientemente ubicado un día antes del feriado del día de todos los santos. La adopción de políticas concretas que terminen con el trato preferente a la iglesia católica sería una forma mucho más efectiva de comunicar a los protestantes que en Chile todos los credos tienen igualdad en la práctica y no sólo en la letra de la ley.  

 

En todo caso, esta no es la única iniciativa parlamentaria que crearía más feriados. Hay otra que establecería el 24 de junio como día de los pueblos indígenas originarios, una para el día de la mujer (8 de marzo) y otra para el 31 de diciembre (pero sólo de 2007). Además, hay varias iniciativas que declararían feriados regionales o incluso comunales.

 

Aunque responda a una visión estereotipada de la ética evangélica, la mejor forma en que la Cámara de Diputados puede reconocer las contribuciones de los protestantes—cultura de la que orgullosamente provengo—es renunciando a promover proyectos de ley frívolos.