Victimizándose

Patricio Navia

La Tercera, octubre 23, 2007

 

Al introducir el concepto de femicidio político, la Presidenta Bachelet se protege con una armadura de dudosa utilidad. El comentario evidencia la percepción de debilidad que rodea a La Moneda. En vez de potenciar conceptos que avancen su agenda, Bachelet optó por una estrategia defensiva y de buscar excusas para los problemas que enfrenta su gobierno.

 

Después de llegar a La Moneda prometiendo una nueva forma de hacer política, más cercana a la gente, abierta al diálogo y a la participación y sin temor a los conflictos, Bachelet se encontró frente a la cruda realidad de tener que administrar el poder. Las protestas estudiantiles y el Transantiago echaron por tierra su promesa de gobernar junto a la gente. Con su popularidad en caída, y sin que sus mea culpas convencieran, Bachelet salió a buscar culpables para justificar los errores de diseño e implementación de su propio gobierno.

 

Cuando un presidente habla de homicidio político, tácitamente reconoce su propia vulnerabilidad y da luces sobre su estado de ánimo. La desafortunada frase—y las intenciones que supone en la oposición y en algunos aliados—hace mucho más improbable alcanzar un pacto social. Ya que el ejecutivo en Chile es más poderoso, la falta de diálogo tiene más que ver con la inhabilidad de La Moneda para ordenar filas oficialistas, con garrotes y zanahorias, y para aprovechar las divisiones de la oposición. Cuando La Moneda tiene la pistola, resulta difícil presentarse como víctima de intento de asesinato. Peor aún, al introducir el tema de género, Bachelet abre un flanco innecesario. La senadora Matthei correctamente subrayó que Bachelet probablemente jamás sería presidenta de no ser mujer.

 

Por cierto, Matthei parecería no conocer esa forma distinta de hacer política de las mujeres. Y es que la cercanía con la gente no es cuestión de género sino de estilo personal. Lavín y Lagos Weber también son cercanos. Matthei, Alvear, Lily Pérez o Yasna Provoste hacen política al estilo tradicional. La cercanía no es un patrimonio exclusivo de las mujeres y bien pudiera no ser un atributo necesario para gobernar bien. La gente bien pudiera preferir una mandataria con mejor capacidad de gestión y mejor ojo para formar equipos bien que un presidente cercano.

 

De cualquier forma, el debate sobre estilos de gobierno distintos de hombres y mujeres es una cuestión intelectual. La gente quiere buen gobierno, independientemente del género del Presidente. Al acusar intento de femicidio, Bachelet se victimiza. Pero al adoptar una estrategia defensiva y buscar excusas para explicar por qué su gobierno todavía no puede despegar, Bachelet solo contribuye a despertar más sospechas sobre su capacidad para enfrentar exitosamente los desafíos que tiene por delante. Porque los gobiernos necesitan tomar la iniciativa para gobernar bien, La Moneda debiera cambiar su actitud defensiva por una estrategia ofensiva.