Dividir para reinar

Patricio Navia

La Tercera, octubre 17, 2007

 

La actual disputa al interior de la coalición de derecha entre los aliancistas-bacheletistas y los defensores de la teoría del desalojo refleja la incapacidad de la Alianza para privilegiar la unidad por sobre los desencuentros tanto como la habilidad de La Moneda para generar ese conflicto al interior de la Alianza.

 

Cuando la Presidenta Bachelet invitó a Joaquín Lavín a participar en el Consejo Asesor para la Equidad, la intención de La Moneda no era solo demostrar que la desigualdad era un tema que importa a todos. Si bien tomó la bandera de la igualdad en su fallida campaña presidencial de 2005, Lavín no comparte el perfil técnico de la mayoría de los integrantes de la Comisión. Su nombramiento fue resultado de una cuidadosa planificación por parte del segundo piso de La Moneda. Al convocar a Lavín, el gobierno intentaba potenciar un liderazgo alternativo al de Piñera y promover un estilo de hacer política menos confrontacional al interior de la Alianza.  Precisamente porque la UDI hacía rato que buscaba un candidato presidencial propio, La Moneda quiso darle un empujoncito al partido más débil de la derecha.

 

La llegada de Lavín al centro del debate político no demoró en reavivar los fuegos de conflicto al interior de la Alianza. Como siempre, basta una chispa para que la unidad de la Alianza se convierta en incendio de declaraciones cruzadas, acusaciones veladas y evidentes señales de ingobernabilidad. La Moneda aprendió de las lecciones históricas de la Concertación y ofreció esa chispa que volvió a encender el fuego de la autodestrucción en la Alianza. Por cierto, ya cuando a comienzos de agosto la Presidenta Bachelet elogió públicamente a Lavín, la reacción furibunda en el círculo de Piñera dio luces a La Moneda de la debilidad en la Alianza.

 

Ahora, con la Alianza nuevamente dividida, importa menos la baja popularidad de Bachelet o los problemas al interior del gabinete. La atención nuevamente está centrada en qué tanto daño puede hacer a la Alianza este nuevo conflicto entre los dos principales líderes de ese sector, Sebastián Piñera y Pablo Longueira. Mejor aún para la Concertación, la hábil jugada política resucitó la candidatura presidencial de Lavín. Cuando Piñera hacía esfuerzos por consolidar su liderazgo presidencial, de pronto se encuentra con compañía en la lista de aspirantes de la Alianza.

 

La Concertación no podría estar más feliz. No hay mejor forma de mantenerse en el poder que dividir a la oposición. Lo que Pinochet no logró en 1988, la Concertación sí ha podido lograr en las presidenciales de 1989, 1993 y 2005. Es cierto que la Alianza siempre ha contribuido activamente con su predisposición para enfrascarse en disputas internas. Pero al menos en esta vuelta, fue la habilidad de La Moneda para meter una cuña que debilitara a la Alianza la que merece la admiración. Si algo sabe hacer la Concertación es dividir para reinar.