La agenda de Osvaldo Andrade

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 30, 2007

 

El Ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade ha demostrado gran capacidad para avanzar su agenda política en el gobierno. Pese a ocupar una cartera de segunda importancia, Andrade se ha convertido en un actor clave. Su capacidad para poner temas en la agenda le han permitido anotarse victorias en su histórica rivalidad con Andrés Velasco. Cuando Bachelet prepare un ajuste de gabinete para la temporada electoral de 2008, Andrade aspirará a ocupar un ministerio político. Además de ser el socialista más cercano a Bachelet en el gobierno, Andrade es también el más políticamente hábil de los ministros del actual gabinete.

 

Si bien él se ha convertido en el símbolo de todos los fantasmas que acechan en la derecha y en el empresariado cuando piensan en un gobierno socialista, Andrade es también reconocido por ser un hábil político. Nombrado en marzo de 2006, Andrade ha logrado convertir a su ministerio en una cartera influyente. De hecho, es el Ministro del Trabajo más conocido e influyente desde que René Cortázar en el gobierno de Aylwin. Pero mientras Cortázar actuaba en fina sintonía con el titular de Hacienda Alejandro Foxley, Andrade ha potenciado su influencia a partir de conflictos con el ministro de Hacienda Andrés Velasco.

 

Desde el debate inicial sobre los alcances de la ley de subcontratación, Andrade aprovechó cuidadosamente las oportunidades que tuvo para aumentar su influencia en la agenda de políticas públicas. No era un desafío fácil. Aunque era su amigo personal, Andrade sabía que Bachelet confiaba profundamente en su titular de Hacienda y que, por lo tanto, Velasco estaba mejor posicionado para articular políticas públicas e iniciativas legislativas. Pero Andrade que Bachelet estaba con Velasco en la razón y Andrade en el corazón.

 

La presión contra Velasco por aumentar el gasto público le permitieron a Andrade aumentar poder mientras el titular de Hacienda recibía fuego cruzado. La incapacidad del primer gabinete político de La Moneda le hizo más daño a Velasco que a Andrade. El Transantiago golpeó duramente a Hacienda, mientras Andrade seguía acumulando fuerzas. El segundo cambio de gabinete pareció fortalecer a Velasco y debilitar a Andrade. Pero el nuevo titular de la Secretaria General de la Presidencia, Viera-Gallo resultó tener menos conducción política que la esperada. Hacienda siguió sin interlocutor poderoso en La Moneda y Andrade pudo mantenerse en sus posturas más cercanas a los sindicatos y críticas del modelo. Cada error del gobierno debilitaba a Velasco y fortalecía a Andrade. Porque ella tenía el corazón más cerca de las posturas de Andrade, el aumento de poder del titular de Trabajo no molestó a Bachelet.  A mediados de 2007, aunque lo hubiera exigido, Andrés Velasco no tenía poder para sacar a Andrade del gabinete. Las protestas de los subcontratistas—incluidas las declaraciones de los dirigentes de la CUT que veían en Andrade a su principal aliado en el gobierno—dejaron en evidencia un secreto a voces: Andrade competía por el puesto de ministro más poderoso e influyente del gabinete.

 

Porque ha sido el único ministro que ha logrado amasar poder desde una aparentemente irrelevante cartera, Andrade merece el título de ministro con más habilidades políticas. Aunque sus prioridades difieran de las políticas neoliberales con énfasis social que exitosamente ha adoptado la Concertación, sus méritos son incuestionables. Si opta por mostrar sus colores más antineoliberales, Bachelet tendrá en él su mejor carta para liderar el gabinete. La victoria de Andrade representaría el fracaso de Velasco, irritaría al empresariado y a la oposición y produciría un grave conflicto con el PDC. Es cierto que con Andrade en Interior, el gobierno tendría conducción política clara. Pero la hoja de ruta pasaría de la confusión y el desorden a la decidida intención de cambiar el modelo concertacionista histórico de grandes consensos para privilegiar en cambio la confrontación y polarización.