Otro error no forzado

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 25, 2007

 

La intención de Bachelet de lograr un escaño en el Consejo de Derechos Humanos (CDDHH) de la ONU le traerá más problemas que beneficios a su gobierno. En tanto Bachelet no defina sus prioridades, especialmente respecto a gobiernos autoritarios de América latina, la participación en esa instancia internacional producirá tensiones y desórdenes al interior de su coalición y permitirá a la oposición cuestionar el liderazgo y la visión de política internacional de la Presidenta.

 

En su viaje a Nueva York, Bachelet ha hecho campaña para entrar al organismo que promueve el respeto a los derechos humanos y simbólicamente sanciona a los violadores. Chile aspira a uno de los latinoamericanos electos para el periodo 2008-2011. Perú, Brasil y Guatemala terminarán en junio sus periodos. De ser electo, Chile se uniría a Bolivia, México, Nicaragua, Uruguay y Cuba.

 

Un país que con una transición a la democracia tan exitosa como la chilena y que respeta los derechos humanos de todos (excluyendo a los mapuches, de acuerdo a algunos informes) sus habitantes, se sentiría orgulloso de estar en este Consejo. Qué mejor lugar para promover los principios que nos guían y que tanto dolor nos costó hacer nuestros.

 

Pero los gobiernos concertacionistas tienen una compleja relación con un país regularmente observado por el CDDHH. Cuba ha sido gobernada por una dictadura por los últimos 48 años. La imposibilidad de organizar partidos políticos de oposición atenta contra los derechos humanos. Al ser miembros del Consejo, Chile deberá asumir una posición sobre el incumplimiento de Cuba con los derechos humanos. Pero en la Concertación, este es un tema espinudo y divisivo. Mientras la DC quiere ver más respeto a los derechos humanos, muchos en el PS hacen la vista gorda a los abusos cometidos por la dictadura. Apenas aparece Cuba en el horizonte concertacionista, se dividen aguas y soplan los vientos de conflicto y confrontación.

 

Los problemas no se acaban ahí. La importancia que Chile da al libre comercio será puesta en tela de juicio cuando los críticos cuestionen el trato a los disidentes en China y otros países autoritarios. Es cierto que China es lo suficientemente poderoso como para disuadir las críticas incluso de Estados Unidos. Pero también tenemos otros socios comerciales menos poderosos con deficiente desempeño en el tema de derechos humanos.

 

Por eso, resulta inconcebible que Bachelet haga campaña activa para que Chile sea electo al CDDHH. Parece que nuestra Presidenta quiere poner a su coalición en el centro de un nuevo huracán. A menos que ella señale claramente su posición respecto a Cuba y esté dispuesta a asumir los costos que implique esa postura al interior de su coalición, resulta inconveniente buscar un escaño en el CDDHH. En un gobierno que ya nos tiene acostumbrados a errores no forzados, la campaña para ser miembros por tres años del Consejo se perfila como una incomprensible nueva intentona de La Moneda por auto infligirse una herida y por dañar la unidad concertacionista.