Una gira con agenda local

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 23, 2007

 

Aunque todas las giras siempre se hacen pensando en su efecto nacional, este viaje de Bachelet a Nueva York es clave en el diseño estratégico de un gobierno que necesita destransantiagizar su gestión. Porque necesita cerrar el año revirtiendo la tendencia a la baja en su aprobación, las actividades de Bachelet en Nueva York buscarán consolidar la buena semana racha que le trajo las celebraciones de fiestas patrias.   

 

Esta no es la primera vez que Bachelet viaja preocupada por los problemas domésticos de su gobierno. Ya en marzo, Bachelet decidió el ajuste de gabinete en México. Cuando el Transantiago había copado la agenda y el gobierno se hallaba en la defensiva, Bachelet aprovechó esa gira para re-articular la agenda oficial.

 

En semanas recientes, el gobierno nuevamente se ha visto involucrado en autodestructivas descoordinaciones. La violencia del 11 de septiembre repuso el tema de la seguridad ciudadana. El incumplimiento de la promesa de un ministerio de seguridad se hizo evidente. La creación de una comisión sobre la desigualdad le bajó el perfil a un tema que complicaba a la Alianza. La desatada carrera presidencial ha ensombrecido más a un gobierno que ya huele a pato cojo. Aunque el Transantiago ya no es noticia, el temor a nuevas implementaciones fallidas de políticas públicas mantiene al gobierno en la defensiva. El aumento de la inflación y las turbulencias mundiales auguran meses menos favorables en lo económico. Por eso, Bachelet necesita golpes de efecto que logren que el debate político se centre en los ya olvidados cuatro ejes centrales (pensiones, educación, innovación y mejora en la calidad de vida de las ciudades) de su gobierno. El esperado cambio de gabinete—clave para enfrentar la temporada electoral de 2008—sólo tendrá sentido si Bachelet logra primero restablecer la percepción de liderazgo y de control del poder.

 

Esta gira ofrece una inmejorable oportunidad para retomar el control de la agenda. Aprovechando el optimismo que acompaña las fiestas patrias y la llegada de la primavera, Bachelet puede buscar el mismo repunte en las encuestas que tuvo a fines de 2006. Ante una opinión pública que duda de su liderazgo, Bachelet aprovechó las celebraciones del 18 de septiembre para fortalecer su imagen. Desde el Te Deum hasta el desfile militar, Bachelet se mostró como Jefa de Estado en control. Mejor aún, incluso se permitió combinar el presidencialismo republicano con improvisaciones fuera de protocolo. Magistralmente, demostró su sintonía con la gente al recordar que ella, a diferencia de sus predecesores, sí baila cueca. Las fiestas patrias le calzan perfecto a una mujer que, habiendo consagrado su popularidad como ministra de Defensa, puede hacer gala de su condición de jefa de Estado a la par de mostrar cautivante cercanía con la gente.

 

Luego de una semana difícil, marcada por la violencia del 11 de septiembre, Bachelet aprovechó a cabalidad “el 18” para subir su aprobación (como muestra la encuesta publicada hoy). Como guinda de la torta, La Moneda busca fortalecer la imagen de Jefa de Estado en el viaje a Nueva York. Al hacerse acompañar de los principales líderes políticos, y apersonarse en eventos donde se codee con líderes mundiales, Bachelet despeja dudas sobre su liderazgo. Su discurso ante la Asamblea General será una ocasión propicia para despejar las dudas sobre su liderazgo político en Chile. Al aparecer junto a Lagos e Insulza, Bachelet se mostrará como una mandataria republicana que departe con un funcionario internacional y con un ex presidente en cruzada ecológica.

 

Bachelet goza de saludable reputación internacional y, pese a despertar menor interés que en su primer viaje, sus declaraciones serán atendidas en la ONU. Aunque el respeto a la independencia de los poderes del Estado no le permita recibir loas internacionales por la extradición de Fujimori, Bachelet fortalecerá su imagen como Jefa de Estado de un país con instituciones que funcionan. Por cierto, su viaje a Nueva York no estará exento de problemas. El trato que da el Estado chileno a los pueblos originarios ha despertado justificadas críticas. Adicionalmente, la ausencia de una figura regional que contrarreste el liderazgo de Chávez será un silencioso recordatorio de lo mucho que han caído las expectativas sobre el liderazgo internacional que se esperaba de Bachelet.  Pero por eso mismo, si logra proyectar una imagen de liderazgo, los beneficios dentro de Chile serán todavía mayores.

 

Esta nueva gira internacional presentará a Bachelet una inmejorable oportunidad para alargar el optimismo de fiestas patrias y consolidar su repunte en las encuestas. Es cierto que este gobierno ha sorprendido con su creatividad para perder el control de la agenda cuando los vientos soplan a su favor. Pero Bachelet puede hoy aprovechar la buena racha y combatir la percepción—instalada por la propia Presidenta al asumir su mandato—que la vida útil de su gobierno llega a su fin a fines de 2008.