La advertencia de Lagos

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 13, 2007

 

Después de los desmanes del 11 de septiembre, Lagos volvió a La Moneda a poner simbólico orden. Además de confirmar la debilidad en el liderazgo de Bachelet, la irrupción de Lagos anticipa un mensaje de orden republicano y estado de derecho. Frente a un gobierno inhábil, una Concertación desordenada y una Alianza dividida, Lagos nos advierte: “yo o el caos.”

 

Por cierto, la violencia callejera obliga a repensar las políticas de control de orden. Nada justifica la violencia, pero tampoco se debe suponer que cualquier manifestación devendrá en piedrazos. En democracia, los “guanacos” no deben ser la primera reacción a una marcha. La autoridad debe distinguir entre marcha y erupción de violencia. Armar a los carabineros hasta los dientes sólo sube la temperatura de una marcha pacífica. Pero a menos que la reacción a la violencia sea inequívocamente dura y certera, será imposible garantizar el derecho a la libertad de expresión.

 

En vez de hacerse cargo de la diferencia entre el ejercicio de un derecho y la violación de la ley, el gobierno ahora anuncia mano dura. Pero las irreflexivas promesas de gobierno ciudadano abrieron la puerta a los díscolos y a la indisciplina en los partidos oficialistas. Las comisiones ad hoc debilitaron al Parlamento. La pendiente resbaladiza que comenzó con la tolerancia a las tomas ilegales de colegios en 2006 y siguió con la pasividad ante los buses quemados en las protestas de CODELCO ha terminado en la barbarie contra civiles y carabineros. 

 

Pero la violencia no debe ser confundida con manifestaciones políticas. En un país que progresa, los inconformes y marginados (de verdad o por percepción) violentamente expresan su descontento. Por eso mismo, el gobierno no debe reaccionar reprimiendo por doquier. La democracia necesita herramientas que protejan a carabineros y civiles e instrumentos que castiguen duramente a los que violan la ley. Mano dura con el crimen, pero sin reprimir el derecho a expresarse pacíficamente.

 

La irrupción de Lagos en una desordenada y confundida casa de gobierno constituyó un improvisado pero certero anuncio. Con brillantez y sentido de oportunidad, Lagos dejó en claro que será el candidato del ancien régime de orden, disciplina partidista y democracia al estilo Concertación, desde arriba hacia abajo. Dejando en claro que no se puede ser gobierno y oposición a la vez, Lagos aprovechó el 11 de septiembre para reafirmar su incuestionable liderazgo en la Concertación.