Tregua Insostenible

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 9, 2007

 

La tregua entre Ricardo Lagos y José Miguel Insulza es insostenible. Porque ambos parecen decididos a buscar una candidatura presidencial, la impaciencia de insulzistas y laguistas hará inevitable la confrontación entre el ex presidente y su ex jefe de gabinete.

 

Si bien en política no existen derechos adquiridos, Lagos pareciera tener la mejor opción para aspirar a la nominación de la izquierda concertacionista. El PS y el PPD concuerdan en que es mejor liderar la Concertación que volver a la década de dominación DC. Ya que fue el fundador, Lagos cuenta con la lealtad de la mayoría del PPD. Pero porque las diferencias en los partidos se explican más por disputas de poder que por ideología, los barones PS y PPD juegan sus cartas con intereses feudales en mente. Por eso, ni Lagos puede contar con el PPD ni Insulza puede sentirse firme en el PS. Esa ambigüedad en las lealtades alimenta sospechas y conduce a los círculos íntimos a sobre reaccionar ante cualquier provocación, incluso las irreflexivas. Cualquier chispa puede producir un incendio.

 

La reciente visita de Insulza a Chile dejó en evidencia que es inútil intentar mantener la tregua. Los opositores al liderazgo de Bitar en el PPD y de Escalona en el PS aprovechan la tensión para intentar apropiarse del liderazgo del partido. Aunque Lagos e Insulza quieran una tregua, sus ansiosos lugartenientes se trenzarán en escaramuzas para posicionarse mejor en la futura campaña. Ni el ex presidente ni el “Panzer” tendrán fuerza para parar las refriegas. La Moneda comprensiblemente reclamará por el desorden y la Concertación terminará debilitando sus propias chances. La guerra civil de la Alianza se extenderá a la Concertación.

 

Hasta hace poco, parecía que Insulza esperaría a que Lagos anunciara su decisión. Pero la ambigüedad de Lagos, que no dice ser candidato pero tampoco dice no serlo, colmó su paciencia. Insulza ya anunció que participaría activamente de la campaña municipal del PS.  Aunque puede esperar a ver si la popularidad del “Panzer” aumenta, Lags prefiere decidir por sí solo su futura candidatura. Por eso, ahora que Insulza movió pieza, Lagos también lo hará. El nerviosismo de sus huestes y las disputas por espacios de poder y por escaños en el Congreso alimentarán una hoguera que, además de opacar a la ya empequeñecida Bachelet, profundizará la ingobernabilidad en la Concertación.  

 

La inminente guerra entre insulzistas y laguistas sólo se evitará si uno declina ser candidato. Si ambos siguen alimentando especulaciones, sería mejor sincerar intenciones y regular los espacios de competencia. Las guerras más sucias son aquellas que no son formalmente declaradas. Porque al final del día el nombre del candidato lo decidirán las encuestas, Lagos e Insulza deben consensuar una fórmula para regular los inevitables enfrentamientos entre sus ansiosos partidarios. Para retener La Moneda, la Concertación debe privilegiar la unidad. Si reproduce la guerra civil de la Alianza, perderá su gran ventaja sobre la coalición de derecha. El desafío de negociar una guerra contenida es difícil. Pero en tanto ambos aspirantes sigan alimentando rumores sobre sus intenciones presidenciales, la insostenible tregua derramará más sangre y producirá más heridas que un enfrentamiento formal y abierto. Disciplinado por la experiencia del poder y reglamentado por el objetivo común de querer mantener el poder que une a la gran familia concertacionista, Lagos e Insulza pueden declarar una guerra que sea menos dañina que la tregua actual.