Un país de pocos amigos

Patricio Navia

La Tercera, agosto 19, 2007

 

Diecisiete meses después de llegar al poder aplaudida por el mundo, Bachelet lidera hoy un gobierno con pocos aliados internacionales. Bachelet confundió relaciones comerciales estables con amistad. Pese a haber prometido una nueva forma de hacer política, Bachelet tiene una política internacional poco innovadora, excesivamente mercantilista, diplomáticamente burda y funcionalmente fallida. Desde nuestra relación con Perú, Bolivia y Argentina hasta nuestros lazos con México o Estados Unidos, Chile está políticamente más aislado que cuando Bachelet asumió el poder.

 

El eje del Pacífico

El Eje del Pacífico (con Perú y Colombia) era la principal iniciativa del Canciller Foxley. Además de fortalecer las relaciones con Uribe en Colombia, Foxley buscaba potenciar la relación con Alan García, el ex presidente populista que volvió al poder prometiéndole a los peruanos que esta vez no los iba a defraudar. Esa arriesgada apuesta llevó a Foxley incluso a presionar a Televisión Nacional para retrasar un inocuo programa sobre la Guerra del Pacífico. Pero Foxley falló tanto en su apuesta como en su estilo. La relación con Perú está en su peor momento en 20 años. El mismo Canciller que equivocadamente sugirió que Pinochet tenía 9 mil kilos de oro escondidos volvió a excederse al responder a la decisión del gobierno peruano de oficializar un mapa expansionista que no sorprende a nadie ni tiene efectos en nuestra posición sobre los límites marítimos. El eje del Pacífico se terminó de hundir con esta disputa no reconocida por Chile. La acción del gobierno de García dejó a nuestro Canciller con una agenda vacía de proyectos de integración regional.

 

El eje Atlántico

La Presidenta Bachelet invitó, fallidamente, a la primera dama y senadora argentina Cristina Fernández, a su cierre de campaña. Pero meses después de asumir el poder, las relaciones entre Bachelet y la Casa Rosada habían caído a un punto demasiado bajo. Bachelet y Néstor Kirchner no ocultaron su distancia en un vergonzoso encuentro bilateral en Mendoza. Después que Kirchner llegó atrasado a la cita, Bachelet demostró su descontento en su lenguaje corporal. Después, ni siquiera se quedaron a almorzar. Los problemas de suministro de gas—donde Kirchner ha demostrado ganas de mejorar las cosas—siguen alimentado una relación cargada de rencores, engaños y percepciones de deslealtad. Ya que el Canciller Foxley hace rato se olvidó de Argentina, nuestro Embajador Maira parece ser el único que cree que el Eje del Atlántico es todavía una alternativa posible.

 

Bolivia

Al sugerir que “lo peor es apurarse y tomar atajos” el propio Foxley reconoció que la salida al mar de Bolivia es el tema más importante de la agenda. Pero ni siquiera hemos sido capaces de acordar intercambio de embajadores con ese país. A menos que seamos capaces de sentarnos a negociar con regularidad y sin exclusiones, el decepcionante statu quo de ‘ni mar, ni gas, ni avance’ también terminará por imponerse en el gobierno de Bachelet. Las condiciones internacionales para lograr un acuerdo con Bolivia eran inmejorables al momento de la asunción presidencial casi simultánea del primer presidente indígena en ese país y de la primera mujer en el nuestro. Pero el gobierno de Bachelet tampoco ha sido capaz de mostrar avances sustanciales.

 

Hugo Chávez

Después que La Moneda enviara señales claras de su intención de apoyar a Venezuela para un escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2006, Chávez intentó demostrar comprensión cuando Bachelet anunció a última hora su decisión de abstenerse. Esa abstención reflejó tanto las divisiones al interior del gobierno respecto a la cercanía que debíamos tener con Chávez (con Foxley oponiéndose y con el PS presionando por mayor cercanía) como la incapacidad de la presidenta para tomar decisiones difíciles.  Al final, Chile no ha marcado distancia de Chávez, pero tampoco ha demostrado cercanía. Al evitar criticar a Chile, Chávez ha demostrado su buena intención hacia Bachelet. Pero Chávez difícilmente apoyará nuestras iniciativas internacionales como lo hizo cuando Lagos, con quien no tenía cercanía alguna, estuvo en el poder.

 

México

El gobierno de Felipe Calderón ha cortejado a Chile con entusiasmo. Pero Bachelet tiene poco interés en fortalecer esa relación. Calderón viajó a Chile después de su elección, pero Bachelet no fue a México para su inauguración. Cuando fue en marzo, estaba más preocupada del cambio de gabinete que se venía en Chile. Peor aún, la mandataria dejó en claro su cercanía con la derrotada izquierda del PRD más que con el moderado mandatario. Así y todo, el gobierno mexicano sigue enviando señales de querer mayor sintonía fina. Pero La Moneda parece poco interesada en asumir a México como nuestro principal aliado en el malogrado Eje Pacífico.

 

Estados Unidos

Con Washington, Chile se comporta con un amante leal pero—por lo mismo—privado. Más allá de la actual impopularidad del Presidente Bush, Chile y Estados Unidos creemos en los mismos valores democráticos y libremercadistas. Nos unen muchas más cosas de las que nos dividen. Aunque demócratas y republicanos quisieran consolidar esta relación, y hacerla más pública, los complejos de la guerra fría frenan a La Moneda. El gobierno chileno no se atreve a reconocer públicamente nuestra condición de mejores y más confiables aliados de Estados Unidos en América del Sur.

 

El Mundo

Chile se ha especializado en firmar acuerdos de libre comercio con países en todos los rincones del mundo. Pero la decisión de tener socios no es la inevitable antesala de la amistad. Hemos pasado del aislamiento por decisión de otros a la soledad por incapacidad y falta de voluntad propia para construir relaciones profundas y duraderas que lleguen más allá del libre comercio.

Por eso, 17 años después de haber dejado atrás el aislamiento de la dictadura militar, los gobiernos de la Concertación nos dejan un legado de muchos socios y pocos amigos en el mundo.