El peso del dinero

Patricio Navia

La Tercera, agosto 5, 2007

 

Aunque hace sentido un debate sobre lo conveniente que resulta separar el ser político y empresario, el gobierno no debe descalificar al presidenciable de la oposición.   

 

El Ministro José Viera-Gallo, reflexionó sobre la candidatura de Sebastián Piñera: “No sé si es conveniente que una persona con el nivel de riqueza de Piñera aspire al poder político.”  La cuestión de fondo tiene mérito. Hay dos posturas contrapuestas. Una atinge al principio de igualdad. La condición de empresario, ex presidente o hijo de presidente no debiera constituir causal de eliminación para un aspirante presidencial. Los empresarios tienen fortalezas y debilidades distintas a las de una hija torturada de un general muerto en dictadura. Pero en sí misma, ser empresario no es incompatible con aspirar a ser presidente.  

 

La otra postura se centra en la relación a menudo opaca entre el dinero y la política. Si bien la condición de empresario o de ex presidente da ventajas como candidato, al gobernar, los intereses de ambos serían diferentes. Presumiblemente, los primeros estarían tentados a proteger intereses sectoriales. Pero esa presunción es igualmente aplicable a un abogado, profesor o sindicalista. Así y todo, ya que los empresarios en general tienen más poder económico que el resto, varios puristas alegan a favor de limitar su acceso a la actividad política. Después de todo, bastaría con desligarse de la condición de empresario para poder aspirar a ser presidente. Algunos países han intentado legislar sobre fideicomiso ciegos, lobby y transparencia. En Chile, la ley de lobby avanza a paso de tortuga y cada vez se debilitan más sus alcances. El fideicomiso ciego, en cambio, reaparece en la agenda sólo cuando Piñera sube en las encuestas.

 

Pero, ¿es Piñera demasiado rico como para ser presidente? La riqueza de Piñera (alrededor de $2 mil millones de dólares) equivale al 1,5% del PIB. En México, la riqueza de Carlos Slim (57 mil millones de dólares) equivale al 6% del PIB. Slim no aspira a ser presidente, pero ejerce una influencia decisiva en la política de su país. En Estados Unidos, la riqueza de Bill Gates equivale a un 0,4% del PIB. Gates tampoco quiere ser presidente. Además, dedica buena parte de su tiempo a distribuir su riqueza en programas sociales en todo el mundo a través de su fundación.

 

En Italia, la riqueza de Berlusconi hoy (después de ser primer ministro), equivale a un 0,6% del PIB. Pero Berlusconi no era solo millonario, era también dueño de un poderoso imperio de medios de comunicación que controlaba más de la mitad del mercado. Además, era dueño de AC Milan, un popular equipo de fútbol. En Chile, Piñera posee un canal de televisión (Chilevisión, donde estoy temporalmente de panelista), cuya participación en el mercado es mucho más limitada. Siendo uno de los principales accionistas de Colo Colo, Piñera está lejos de ser el socio controlador. Peor aún, hasta hace poco era fanático de la Católica, un equipo rival. Las diferencias entre Piñera, Berlusconi, Gates y Slim llegan más allá. A diferencia de los otros tres, Piñera no es el hombre más rico de su país.

 

Está por verse si los chilenos optarán por Piñera como presidente. Hoy por hoy, el empresario RN ni siquiera cuenta con el apoyo de la UDI, sus socios en la Alianza. Pero no corresponde que un ministro de Estado y líder de la Concertación descalifique a Piñera por su condición de empresario. Además de ser un conspicuo líder de la coalición que ha gobernado desde 1990, Viera-Gallo es uno de los más acérrimos aliados de Insulza, aspirante presidencial socialista. Mucho más que una reflexión conceptual, la declaración fue un burdo intento por desalojar (por secretaría) de la lista de presidenciables a Piñera. La estrategia de desalojar candidaturas por secretaría no debiese reemplazar al necesario debate sobre quién tiene mejores ideas para liderar a Chile en el próximo periodo.