¿Señalando una hoja de ruta?

Patricio Navia

La Tercera, julio 26, 2007

 

Después de una seguidilla de errores no forzados, la Presidenta Bachelet nuevamente parece dar señales de querer zanjar la disputa entre los autoflagelantes estatistas y los autocomplacientes libremercadistas en su gobierno a favor de los segundos.

 

Después de meses de ser consumido por el Transantiago, el gobierno ha demostrado que sus problemas son esencialmente de manejo político. La derrota en el Senado de los nombres propuestos para el directorio de TVN constituyó la confirmación de que La Moneda no puede gobernar. Más que la indisciplina de los parlamentarios concertacionistas o que los errores del deficiente triunvirato de ministros, el problema es la ausencia de una hoja de ruta. Mientras Bachelet siga indecisa entre sus ministros que quieren un corregir el modelo de economía social de mercado y aquellos que buscan profundizarlo, el gobierno seguirá sin rumbo. Peor aún,  se impondrá el síndrome de pato cojo. Por distintas razones, los gobiernos de Fox en México y de Toledo en Perú demostraron que ese síndrome puede inutilizar a un gobierno. Aunque la economía ande bien, si se percibe a un gobierno sin rumbo, el estado de ánimo del país será negativo.

 

Peor aún, ya que la economía anda bien, la única forma que tiene Bachelet de revertir sus bajos niveles de aprobación es a través del manejo político. A diferencia de Lagos, cuya aprobación mejoraron a la par de la recuperación económica, Bachelet solo mejorará en las encuestas si es capaz de demostrar liderazgo decidido.

 

La ya legendaria disputa entre las dos almas de la Concertación ha golpeado fuerte al gobierno. Desde el simbólicamente poderoso debate sobre si apoyar o no a Venezuela para el consejo de seguridad de la ONU hasta el debate sobre la reforma previsional, o la nueva LOCE, Bachelet nunca ha dejado en claro cuál postura apoya. Su estrategia inicial fue formar comisiones y tratar de alcanzar consensos. Pero gobernar requiere tomar decisiones donde algunos pierdan y otros ganen.

 

En días recientes, Bachelet ha dado señales de inclinarse hacia una postura pro economía social de mercado. Desde las negociaciones en Codelco hasta su encuentro con los empresarios, Bachelet parece querer indicar una hoja de ruta. Al menos eso dicen los oficialistas neoliberales con rostro humano que ha comando los destinos del país desde 1990. Pero los estatistas críticos del modelo saben que con Bachelet han estado más cerca que nunca del poder. Como esta no es la primera vez que Bachelet da señales de apoyo a su titular de Hacienda para luego dejar en claro que también apoya a su estatista Ministro del Trabajo, hay que ser agnósticos frente a estas señales recientes. 

 

A menos que la Presidenta se ate al mástil con un cambio de gabinete que meridianamente refleje la visión de una economía social de mercado, las señales recientes serán sólo una nueva evidencia de la ineptitud política de un gobierno que insiste en querer quedar bien con todos.