Comisiones investigadoras a la chilena

Patricio Navia

La Tercera, julio 1, 2007

 

Las comisiones investigadoras de la Cámara de Diputados hacen noticia sólo cuando declaran testigos controversiales y no cuando emiten sus informes finales. Resulta improbable que la Comisión Investigadora del Transantiago genere información suficiente que permita identificar a los responsables de la peor intervención urbana en Chile desde el retorno de la democracia.

 

El Transantiago es una piedra en el zapato para toda la Concertación. Desde el fácil comentario que la izquierda en el poder siempre termina creando largas colas de espera hasta el más profundo cuestionamiento sobre las habilidades técnicas de una coalición que parece agotada después de 17 años en el poder, el Transantiago da para todo. Arrinconada, la Concertación cada vez actúa más como el gobierno militar. Algunos líderes oficialistas incluso parecen querer emular al Pinochet derrotado cuando amagan reclamar que en Chile hay malagradecidos por la gigantesca obra transformadora de estos 17 años de Concertación. Porque su diseño e implementación funcionó tan mal—y solo va mejorando lentamente—existe tanta demanda por buscar responsables.

 

La Cámara de Diputados ha decidido crear una comisión investigadora. Se han anunciado desde ajustes de cuentas hasta acuciosas y objetivas investigaciones que develen toda la verdad. Pero el diseño institucional y el funcionamiento de esas comisiones permiten anticipar que ésta tiene más posibilidades de terminar enfrascada en conflictos partidistas que en producir un informe creíble ante la opinión pública. Las agendas personales provocarán que sus miembros quieran aprovechar esta enorme visibilidad para hacer campaña de re-elección que a investigar las causas de este bochornoso experimento de políticas públicas.

 

En Chile, se han creado 82 comisiones investigadoras desde 1990. Porque en algunos casos las comisiones nunca emitieron informes, porque éstos no fueron votados o porque fueron rechazados, al final sólo 20 informes fueron enviados a las autoridades. En promedio, las comisiones toman seis meses para producir sus informes. La importancia del Transantiago haría pensar que esta comisión se moverá más rápido, pero los diputados también tienen otras obligaciones que atender. Además del trabajo de distrito, todos son miembros de comisiones regulares que aprueban proyectos de ley. Peor aún, porque citan a demasiada gente a declarar y los interrogatorios son demasiado largos, el trabajo de la comisión avanza muy lentamente. La mejor forma de diluir el efecto negativo de una comisión es presentando montañas de documentos y testimonios. Mientras más se demore el informe, menor el efecto. Pero los diputados integrantes saben que mientras más tiempo tomen, más cobertura personal tendrán en los medios. Aquí, cada quien quiere llevar la micro para su casa.

 

En Estados Unidos, el trabajo de las comisiones investigadoras también presenta complicaciones de incentivos cruzados y de retrasos en los informes. Por eso, se ha ideado un mecanismo para sacarle partido a las comisiones antes de que emitan informes. Las comisiones sesionan en auditorios donde asiste la prensa. Los testigos son sometidos a rigurosos (cortos y puntuales) cuestionamientos. El tiempo es oro. En televisión es todavía más valioso. La opinión pública llega a conclusiones antes de que se emita el informe. A menudo estas conclusiones son sesgadas y basadas en información incompleta. Pero ese mismo temor incentiva a los interesados a presentar sus pruebas lo antes posible con meridiana claridad. Al final, la comisión emite un informe exhaustivo, visado por abogados y expertos, que incorpora todos los datos relevantes en forma bipartisana y, dependiendo de la evolución del trabajo de la comisión, produce conclusiones de mayoría y minoría. Este sistema concentra la entrega de información relevante en las primeras semanas, en un ambiente diseñado para la televisión (cuando hay más atención de la prensa) y otorga herramientas para que el informe final tenga evidencia concluyente que pueda utilizada en las cortes o en investigaciones de prensa y académicas.

 

El Congreso chileno debiera avanzar en esa dirección para ayudar a que sus comisiones investigadores produzcan resultados más relevantes. Pero, esa reforma a las comisiones investigadoras inevitablemente llegará después que la comisión Transantiago haya perdido la atención de la opinión pública.