La ira de Lagos

Patricio Navia

La Tercera, junio 24, 2007

 

Aunque debe hablar de futuro, el ex Presidente Lagos no se puede liberar de su obsesión por defender su legado. Mientras más difícil le resulte hablar de futuro, más improbable será que pueda volver a La Moneda.

 

Contacto, un programa de investigación noticiosa de Canal 13, realizó un reportaje sobre algunas promesas no cumplidas en el gobierno de Lagos. En él, se matizaban los enormes avances del gobierno en el combate contra la pobreza. Si bien la encuesta CASEN muestra los enormes avances, las limitaciones de un estado que no se ha modernizado lo suficiente también permiten ver claroscuros en los resultados.  

 

Antes de saliera al aire, Lagos lanzó una estrategia defensiva. Porque sintió que el informe de Contacto no hacía justicia a los logros de su gobierno. Por eso decidió romper su silencio y aceptar una entrevista para explicar su verdad. Pero el formato de entrevista frontal no le quedó cómodo. En un momento, se ofuscó, se puso de pie y se retiró. Confirmando los rumores sobre su mal genio y su inclinación autoritaria, Lagos reaccionó de una forma inapropiada para un hombre de estado.

 

Después, preocupado del efecto que pudiera producir el programa, el ex presidente dio una acotada conferencia de prensa para tratar de defender el récord de su administración.

 

Comprensiblemente, la noticia no fue el reportaje sino la ofuscación de Lagos. Pese a ser de interés público, Canal 13 incomprensiblemente cedió a las presiones de Lagos y no mostró el arrebato de ira. Aunque todavía podría aparecer en You Tube, la decisión de Canal 13 resulta abiertamente contradictoria con los principios de transparencia y trato igualitario.  Lagos logró recibir inmunidad como ex jefe de estado. 

 

Los enojos de Lagos no debieran sorprender. El ex presidente se hizo conocido por su dedo acusador para el plebiscito de 1988. Durante su gobierno, sus regaños a ministros y periodistas fueron legendarios. Cuando Lagos se enojó con los micreros que pararon la ciudad o cuando airadamente ofreció relaciones diplomáticas aquí y ahora al presidente de Bolivia, Lagos recibió aplausos. Ahora que el gobierno de Bachelet parece sufrir crisis de autoridad, los recuerdos de un presidente que golpeaba la mesa incluso pudieran ayudar a fortalecer la imagen pública de Lagos.

 

El que la ira de Lagos haya sido provocada por un reportaje sobre el pasado constituye un problema más profundo y más grave. Lagos no ha podido hacer el cambio de folio. Sus apariciones esporádicas en la prensa siempre han sido en defensa de su legado. Desde el Transantiago hasta el combate contra la pobreza, Lagos parece menos interesado en hablar sobre lo que se debe hacer hacia adelante. Incluso cuando fue proclamado Capitán Planeta, no se aguantó y habló del antes y después del caso Cisnes.

 

Lagos se equivoca al defender personalmente su legado. Los chilenos lo ovacionaron al dejar el poder. El hecho que su nombre aparezca entre los presidenciables evidencia que el pueblo lo recuerda como un presidente exitoso. Lagos no necesita defender personalmente su legado. La historia será mucho más bondadosa con él que sus críticos. Pero además, él limita sus propias opciones presidenciales cuando habla del pasado. Para volver a La Moneda, Lagos tendrá que reinventarse como un líder capaz de convocarnos a soñar con un mejor futuro. Si plantea su candidatura como un regreso a un pasado glorioso, no podrá ganar la elección.

 

En la que probablemente sea una de sus más importantes entrevistas desde que dejó el poder—y cuyas imágenes debieran ser públicas—Lagos se enojó. El mandatario perdió la calma por las razones equivocadas. Más que los cuestionamientos a su legado, lo que debiera provocar la rabieta de Lagos es su propia tendencia a mirar más hacia el pasado que hacia el futuro.